lunes, 15 de octubre de 2018

Afrit: el vampiro del rey Salomón





Los Afrit son una raza de vampiros provenientes de África, emparentados lejanamente con los Djinn
Otras variantes de su nombre son: Afreet, Afreeti, Afrite, Efreet, Efreeti, Efrit, Ifreet. Todos ellos derivan de una criatura vampírica muy popular en el mitología del desierto: los Ifrits.
La leyenda africana sostiene que cuando una persona es asesinada los Afrit rondan el lugar del crimen buscando la última gota de sangre en caer al suelo. 
Teniendo en cuenta la sed proverbial de las arenas del desierto, capaz de absorber cualquier líquido en cuestión de segundos, los Afrit pueden pasar varias semanas, incluso meses y años enteros, buscando entre los granos de arena hasta hallar los restos de aquella fatídica gota de sangre.
Los Afrit, esencialmente criaturas incorpóreas, siempre logran ubicar el paradero de la gota de sangre, aún si esta solo sobrevive en dimensiones microscópicas. Sobre ella, o alrededor, poco apoco los Afrit van desarrollando consistencia, abandonando así el mundo de lo intangible para convertirse en vampiros perfectamente sólidos.
Las tradiciones africanas poseen varios remedios caseros para evitar la formación de los Afrit. El primero y más accesible es apelar a métodos menos sangrientos de asesinar a alguien, como el estrangulamiento o el envenenamiento, aunque se corra el riesgo de despertar a otras criaturas del plano astral que se alimentan de la energía segada brutalmente durante el crimen.
Una vez que el Afrit se convierte en un vampiro sólido, la forma más efectiva de deshacerse de ellos es ensartándoles una vara de hierro en el corazón.
Cuando su cuerpo físico es destruido los Afrit regresan a la vida inmaterial que flota como un espejo distorsionado sobre las arenas inmemoriales. A veces, cuando las condiciones son adecuadas, pueden adoptar provisionalmente alguna forma física, por ejemplo, aquella silueta rojiza y cornífera con la que son representados en los bestiarios medievales.
La palabra Afrit significa "nómada", pero en un sentido terrible ya que alude a los espíritus salvajes del desierto, inconstantes y vagabundos, cuya dieta frugal se reduce a la sangre reseca de quienes caen vencidos por el calor. 
Para otros, la etimología de su nombre procede del persa antiguo afritan, "crear"; es decir, el que se crea a sí mismo, como vimos antes, a partir de una gota de sangre.
En la Edad Media los Afrit poseían una influencia mayor entre los mitos musulmanes. Se creía que los Afrit eran poderosas criaturas aladas hechas de fuego, asociadas directamente con la líneas de descendencia tribales, es decir, parte inseparable de las familias más antiguas y poderosas del desierto.
Según esta tradición, existían Afrit femeninos y masculinos, creyentes o descaradamente ateos, e incluso con inclinaciones singulares por el bien o el mal. Por aquel entonces eran invulnerables a las armas pero visiblemente frágiles frente a la magia.
En el cuento de Las mil y una noches: La semilla de Iblis, se desliza la creencia de que los Afrit son incluso anteriores a la creación del hombre. Sin ir más lejos, los propios Afrit se consideran superiores al ser humano, creado con barro, mientras que ellos mismos proceden del aliento de Dios.
Las diferencias entre los Afrits y los humanos comenzaron en el paraíso. El rey de los Afrit, llamado Iblís, se rehusó a postrarse frente a Adán, a quien consideraba como un ser menor, siendo que había sido formado de barro; altanería que fue castigada duramente por el Altísimo.
El único ser humano al que los Afrit siguieron con absoluta fidelidad fue Sulaymán (Salomón), hijo del rey David, llamado también Señor de los Afrit, quien pactó con ellos un trato de obediencia y luego encerró rebeldes en jarrones de cerámica sellados con plomo. 
En el Ars Goetia, por ejemplo, se explica el procedimiento para controlar y domesticar a los Afrit.

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