Cardea era una ninfa que habitaba en el “Lucus”, el bosque sagrado de los romanos. Era parecida a Diana, pero no utilizaba un arco, sino una lanza y una red. Cardea tenía muchos pretendientes que no le interesaban y como no aceptaban fácilmente un “no”, utilizaba una treta para despistarlos. Cuando la asediaban, esgrimía la falta de intimidad del bosque y los encaminaba hacia una cueva. Los hacía pasar primero y en cuanto podía los despistaba escondiéndose en la espesura. El truco le funcionó hasta que topó con Jano. Jano es el dios de las puertas, de los principios y finales, de las entradas y las salidas y de él deriva el nombre del mes de Enero y se le representa con dos caras. Jano quería “ligar” con Cardea y ella utilizó el mismo truco que con los otros pretendientes, pero esta vez le falló. El dios con sus dos caras podía ver el pasado y el futuro y enseguida supo dónde estaba escondida la ninfa. Llegó hasta el escondite y según la mitología mantuvo con ella relaciones no consentidas, es decir, la violó.
Tal
como eran los dioses de la mitología griega y romana, el hecho de que
no hubiera consentimiento no parecía tener importancia y Jano, agradecido porque ella le había entregado su virginidad la elevó a la categoría de diosa. Es la diosa de las “bisagras”, umbrales y pomos,
compañera del dios de las puertas. Aunque ser diosa de las bisagras
parece una broma, en realidad era muy importante entre los romanos ya
que con su poder, según Ovidio, “abre lo cerrado y cierra lo abierto”. Además Jano le dio una rama mágica de espino blanco que tenía la virtud de repeler el mal y proteger las entradas de las casas.
Los romanos colocaban estas ramas de espino blanco en las puertas para
cerrar el paso a los malos espíritus que quisieran entrar en sus
hogares.
Los romanos, tal como explica Ovidio, creían que en el exterior de sus casas habían espíritus malignos con forma de criaturas aladas, que acechaban para entrar volando y chupar la sangre de los bebés mientras dormían. El espino de la diosa Cardea amparaba y defendía las puertas de los romanos de esos seres.
El nombre Odei se da a la nube, pero también fue llamado el genio que trae el trueno, el relámpago y la tormenta a un tiempo. Él lanza truenos y relámpagos para abrumar a sus ciudadanos y perder sus cosechas.
De acuerdo con las creencias de los agricultores, Odei aparece en forma
de una nube oscura y tempestuosa, y es un dios antiguo o genio, el dios
del cielo. Él substituyó la diosa celta antigua Ortz o Urtz; Es mucho más nuevo que ellos.
Mariren, Marian, el personaje principal de todos los personajes
mitológicos vascos, también ha aparecido como un mal hijo en las
historias. Para protegerse de la influencia de los Odei, se usan remedios mágicos, así como los gobernantes de Dios.
En San Sebastián de Lapurdi tratan de calmar el genio destructivo del
cielo: encienden las velas benditas, queman las encinas quemadas en el
hogar o ponen un hacha al revés frente a la entrada principal.
El universo de J.R.R. Tolkien es sumamente complejo y al estudiar el origen de muchos de sus personajes e ideas encontramos influencias tanto personales como académicas: la Primera Guerra Mundial, el amor por la campiña inglesa, su pasión por las lenguas… y el Kalevala, el poema épico finlandés escrito en el siglo XIX que recoge muchas de las tradiciones ancestrales de ese país. En este último encontramos la figura de Väinämöinen, el dios de la magia en que se inspiró Tolkien para crear a Gandalf.
Väinämöinen y Gandalf
Väinämöinen era el dios de la magia en la mitología finlandesa,
siendo también muy popular en la cultura tradicional de Estonia y otros
lugares del norte de Europa. Una de sus características más curiosas es
que además de dominar el mundo de lo oculto, era un gran amante de la poesía.
Según se relata en el Kalevala, Väinämöinen era hijo de Ilmatar, que
era a su vez hija del dios del cielo, y del mar. Fue bendecido con el
don de poseer todos los conocimientos que le fueran necesarios y salió
del mar, donde había sido engendrado para prodigar su magia en la
tierra.
Se le describe como un hombre anciano y eternamente sabio, con una gran barba blanca, que tiene una voz potente y mágica. Pone orden en el caos con su inagotable sabiduría. Es un guía moral al que siguen los humanos, aprendiendo de sus enseñanzas. Utiliza su voz, a través del canto, como conductor de su magia, pero también es capaz de utilizar la espada si es necesario.
Es
un poderoso mago, capaz de bajar a los infiernos para recabar la
información que necesita para su misión y salir vivo del trance. Además
de las similitudes entre Väinämöinen y Gandalf, es innegable
la influencia de la epopeya nacional finlandesa “Kalevala”, ya que fue
reconocida por el propio Tolkien.
En el Kalevala la acción se centra entorno a un objeto mágico
-similar al Anillo Único- llamado “Sampo” que otorga un gran poder al
que lo posea. Por la obtención de este objeto, que no se sabe bien que
es, luchan las fuerzas del bien y del mal y finalmente es destruido.
Tolkien no solo se inspiró en Väinämöinen para crear a Gandalf, sino que los estudiosos creen que unió a la figura del mago la del dios Odín en su encarnación como “El Vagabundo” y la de algunos personajes bíblicos. Väinämöinen, llamado en el Kalevala el eterno cantor, también tiene muchos puntos de coincidencia con Tom Bombadil que, aunque no sale en las películas de Peter Jackson, es uno de los personajes más populares de sus libros. Tom Bombadil ayuda a los hobbits en varias ocasiones a través del canto.
Es un personaje extraño que habla en rima y que utiliza la magia unida a
la naturaleza y a las canciones. Tolkien utilizó muchos elementos de la
mitología nórdica para crear su universo literario,
En el panteón de dioses incas se encuentra Mama Quilla diosa inca de la luna y la fertilidad, una
divinidad madre de gran trascendencia para este imperio que ha sido
catalogada como divinidad principal. El motivo de su presencia cumple
también la misión de contrastarse con la fuerza masculina del sol y así
manejar una simbología netamente relacionada con todos los aspectos de
la mujer.
Es así como las mujeres andinas de todas las edades acudían con gran fervor a ella para solicitar acompañamiento en las diferentes instancias de sus vidas.
Mama Quilla la diosa de la luna
Se dice que en la corte celestial Mama Killa como también se le conoce, estaba en igualdad de rango que Inti,
el dios del sol ya que era tanto su hermana como su esposa y era tanta
su grandeza que existía una estatua en el Templo del Sol a donde las
sacerdotisas acudían para rendirle culto y llevar sus ofrendas.
Su
esencia de encanto y belleza estaba en equilibrio con el conocimiento y
por tanto era esta diosa quien se encargaba de anunciar los periodos de
fertilidad, ofrecer protección a las niñas, ayudar en el bienestar de
los bebés al nacer e incluso ejercía su poder para sanar ciertas
dolencias asociadas a los órganos reproductores femeninos.
El culto a mamaquilla
Como parte importante de la mitología inca, se sabe que para la diosa Mama Quilla existía un día de fiesta que coincidía generalmente en el inicio de la temporada de lluvia, el cual era denominado Coya Raymi o Quillamama Raymi donde las mujeres llevaban a cabo todo tipo de rituales en su nombre durante la noche y en medio de gran silencio.
Allí
se iluminaba con grandes antorchas y se acudían a láminas de plata
además de otros elementos con la intención de llamar la atención de la
luna.
El Silfo es un tipo de Trasgo o gnomo que proviene de la mitología Germana.
Esta criatura habita en cuevas de bosques muy en cerrados ya que la luz del sol les hace daño.
Se cree que los silfos son las criaturas más sabias de la Tierra ya que
su memoria comprende antes de la creación del mundo. También que son
espíritus elementales puros, se les atribuye el aire, a los gnomos la
tierra, a las nereidas el agua, y a las salamandras el fuego.Se dice que
los Silfos tras vivir 10.000 milenios cambian su color de cabellos a
blanco pues la sabiduría de las eras consume el color de pelo negro de
la juventud.
Pueden viajar a grandes velocidades sin problema, aunque tras yacer con
un humano, su poder de volar desaparece y se convierten en humanos. A
diferencia de los elfos no poseen lengua hablada ni escrita sino el
poder del pensamiento.
Los Silfos no tienen la visión melancólica de los demás seres inmortales
(exceptuando hadas y dragones) que eran hijos de los mismos seres del
cielo y la luz.
Los silfos son indiferentes con los elfos como los elfos con los
hombres, al considerar aburridas y sin importancia las teorías de los
elfos sobre el apego a lo inmutable. Los Silfos en cambio consideran al
progreso como algo a que debe ser dejado proseguir su camino.En la
mitología de J.R.R. Tolkien son criaturas que habitan en cuevas. Su
primer encuentro es con la Comunidad del anillo cuando cruzan por moria
(las minas de los enanos).En la mitología Rusa se les llaman Gremlins
son criaturas endemoniadas que hacen maldades y en otros casos pueden
llegar a matar.Otras creencias afirman que se trata de espíritus del
vientos bondadosos, que podían volar a gran velocidad.
En algunas obras aparecen como seres longevos que vivieron tiempo antes
de los elfos, descendientes de los seres de la luz, primeros que vieron
personalmente la luz y la adoraron.
De acuerdo a la mitología Griega,Crono
es el dios del tiempo que reinaba antes que el universo fuese creado,
suele conocérsele también por el nombre de Eón o Aión, es un dios
primigenio, es decir, uno de los primeros en nacer, es quien conduce la
rotación de la tierra, los cielos y el transcurrir del tiempo, de igual
forma promovió la creación del universo.
Crono y el origen del universo
Se dice que gracias a la unión entre Crono
y Ananké (diosa de lo inevitable) el huevo primigenio fue separado en
tres partes, tierra, mar y el cielo, dando como resultado la creación
del universo de manera ordenada.
De allí se reconoce que esta unión eterna representa las fuerzas del destino y del tiempo.
Por ello se les considera el origen de otros dioses, incluyendo al poderoso Zeus, padre de todos los dioses.
Sus hijos
De la unión con Ananké nacieron 3 hijos, Eter, Erebo y Fanes, todos eran considerados dioses primigenios.
Otras fuentes indican que las Horas, Hemera y Kairos, son sus hijos.
Iconografía
Se
representa como un dios con serpentario con tres cabezas, una de un
hombre, otra de león y la otra en forma de toro, por su parte, en las
imágenes grecorromanas se podía ver a crono como un hombre girando la
rueda zodiacal.
También puede verse como un hombre muy anciano con una larga barba blanca, asociando su imagen a la de Zeus.
Crono versus Chrono
Es muy fácil confundir a Crono con Chronos el rey de los titanes y dios del tiempo humano.
La
confusión viene dada por la traducción del latín de sus nombres,
Κρόνος se traduce como Cronus refiriéndose al dios del tiempo, al pasar
al español queda como Crono, a su vez χρονος que se traduce como Khronos
se refiere al titán, y al pasar al español queda Chronos.
En Babilonia, nació
uno de los más antiguos y más bellos mitos entre los varios que
simbolizan la alternancia de las estaciones y se inspiran en el misterio
de la vida cuando ésta despierta en la primavera tras el largo sopor
invernal. Es el mito de Tamuz, que en sustancia, es el siguiente:
Entre las divinidades menores de Babilonia, había un dios joven,
hermoso y bondadoso, el cual vagaba por las verdes campiñas, por los
campos cultivados y los bosques salvajes, complaciéndose en la
contemplación de la Naturaleza lozana y tocando dulcemente la flauta. Se
llamaba Tamuz y siempre tenía la sonrisa en los labios; su
misión era la de proteger a los pastores y a sus rebaños, procurar
prósperas cosechas y asegurar la salud y el vigor a todo cuanto vive:
hombres, animales y plantas. Gracias a este jocundo numen,
la Naturaleza estaba siempre risueña, las plantas florecían y los recién
nacidos lloriqueaban en los hogares. No es, pues, de extrañar que un buen día, Ishtar, la diosa del amor,
comenzó a suspirar por el hermoso joven y trató de seguirlo por todas
partes; y tanto hizo, que finalmente, logró casarse con él. No había
errado en la elección, ya que también ella protegía la lozanía de la
vida; a ella, se dirigían las madres y los padres para que sus hijos
fueran hermosos y robustos, y los pastores, a fin que los rebaños
prosperaran y se multiplicasen. Ishtar se casó, con Tamuz, y jamás una esposa divina fue más afectuosa y fiel que ella.
Duelo imprevisto entre los dioses y los hombres.
Dios Tamuz
Un
día, Tamuz paseaba por un bosque vecino a la ciudad sagrada de Eridu,
cuando un feroz jabalí salió inesperadamente de un matorral y se lanzó
sobre él. Tamuz era un dios, no hay duda, pero no de los de primer
orden; hermoso y querido por todos, pero no muy poderoso, algo semejante
a la criatura humana. Por consiguiente, podía ser alcanzado por la
muerte. Gravemente herido por las garras de la fiera, el divino joven
vio, cómo se oscurecía la dulce luz del Sol; se sintió atraído hacia el
oscuro reino de las sombras, a las entrañas de la tierra; un frío súbito
le penetró los huesos y le apretó el corazón. En una palabra: murió
cual si hubiese sido un simple mortal. Una profunda tristeza
difundióse en seguida por doquier y un velo gris pareció amortiguar la
luz del día y envolver las cosas. Las plantas se lamentaban, que ya no
daban frutos, como las mieses, que ya no sacaban espigas. Los ríos
estaban tristes, al sentir que menguaban sus caudales, y tristes estaban
los lagos y las lagunas, que ya no sentían nacer más peces en sus
entrañas. Y se quejaban los cañaverales y las malezas, y los jardines,
donde las abejas ya no iban a libar en las flores; y las viñas, que ya
no daban vino; los arriates, en que la flor de la mostaza se marchitaba;
y en fin, los palacios de los príncipes y los reyes, donde ya no se
oían las canciones y los alegres clamores de los banquetes, y la vida
languidecía, estaban de luto. Así lo cuenta, más o menos, un antiguo
himno babilónico al evocar el triste caso. Pero más profunda que
todas fue la aflicción de Ishtar. La bella diosa comprendió que su
inmortalidad le sería inútil e insoportable sin su esposo, y decidió
irlo a buscar al mundo subterráneo donde había desaparecido, al Aralu,
la oscura morada de los muertos.
Ishtar, en los infiernos.
Descendió
al Aralu, pero se encontró con que la puerta estaba cerrada; y el
guardián se negó a abrirla estimando que no era conveniente que la diosa
de la vida entrara en la mansión de los difuntos. Ishtar rogó e
insistió inútilmente, hasta que, presa de desesperación, golpeó
furiosamente la puerta gritando: —¡Abre, guardián; de lo contrario,
hundiré estos batientes, libertaré a los muertos que custodias y los
conduciré conmigo sobre la tierra para que devoren a los vivos! El
guardián, asustado, corrió junto a la Reina de los infiernos en demanda
de instrucciones, y la Reina, que conocía el poder de Ishtar, y sobre
todo, la fuerza de su amor, permitió que la diosa entrara a condición de
que se despojara de uno de sus ornamentos cada vez que pasara por una
de las siete puertas del infierno. En aquel momento, poco le
importaban a Ishtar sus ornamentos, y aceptó sin vacilar. En la primera
puerta, se quitó la corona, en la segunda, los ricos pendientes, en la
tercera, el collar, en la cuarta, los brazaletes, y así sucesivamente:
cuando llegó a la presencia de la Reina de los infiernos, no llevaba más
que la camisa. Pero no había pensado en que, como reina de la belleza y
del amor, los ornamentos formaban parte de su personalidad y de su
poder, y al verse de tal manera desnuda, quedó tan humillada, que la
Reina del infierno se sintió más fuerte que ella, y sin la menor
generosidad, comenzó a burlarse, y ordenó que fuese encarcelada sin
dilación. ¿Cómo podría proseguir la existencia sobre la tierra,
cuando las dos divinidades de la vida estaban, muerta una de ellas y la
otra encarcelada? Dejaron de nacer hombres y animales, las plantas se
marchitaban, la Naturaleza entera iba camino de extinguirse. Los dioses
se preocuparon del caso, y sin pérdida de tiempo, acudieron a Ea, el cual, con uno de sus enérgicos encantamientos, obligó a la Reina infernal a libertar a Ishtar.
Ishtar en el mundo de los muertos
Vuelve la felicidad junto a Tamuz
Esta
vez, la bella diosa se sintió la más fuerte e impuso sus condiciones:
estaba allí, para llevarse consigo a Tamuz y no se iría sin él; si
querían que reanudara su benéfica actividad sobre la tierra, debían
restituirle a su esposo. La Reina de los muertos se vio obligada a
plegarse una vez más, a rociar a Tamuz con el agua de la vida y a
dejarlo partir con Ishtar. Mágicamente, las siete puertas se abrieron
una tras otra ante los dioses, y en cada una de ellas, recogió Ishtar
sus joyas y vestidos, hasta que con su marido emergió a la luz del Sol y
entonó a plena voz su himno jubiloso y triunfal: —¡Me regocijo en
mi esplendor, y llena de felicidad, avanzo, excelsa y divina! Soy
Ishtar, la diosa de la tarde, soy Ishtar, la diosa de la mañana: soy la
que siempre triunfa en el cielo y en la tierra. En realidad, todo le
fue a pedir de boca: había vencido a la Reina que pretendió humillarla,
había recuperado a su amado Tamuz, y también sus alhajas, y ahora,
podía cantar su himno de victoria. Con todo, no se desciende
impunemente al reino de los muertos: Ishtar se dio cuenta de ello más
tarde, cuando vio que todos los años Tamuz, cual si hubiese quedado en
él una maléfica atracción hacia las tinieblas donde había caído, en un
momento determinado, tenía que descender otra vez a las mansiones
infernales, y ella se veía obligada a seguirlo cada vez a la oscura
morada y libertarlo si quería continuar promoviendo sobre la tierra,
junto con él, el amor y la continuidad de la vida. No es difícil
reconocer en esta fábula el mito de la primavera: Tamuz es la lozanía
estival que todos los años se amodorra en el sueño invernal y todos los
años despierta con la nueva estación. Casi todos los pueblos han
imaginado un mito de este género, no tanto para explicarse la
alternancia de las estaciones, como para glorificarla en una
interpretación mágica y poética, a través de la cual, sienten y tratan
de expresar el misterio y el milagro de la Naturaleza.