España es un país tradicionalmente poco dado al mundo del más allá o a
los cuentos de hadas. Bueno, miento, pues la religión católica ha sido
una fuente de seres mitológicos y leyendas tan buena como cualquier
otra. Y España, por suerte o por desgracia, sabe muchísimo de
catolicismo.
Para desenterrar tópicos, diremos que tampoco ha habido mucha
diferencia entre la fuerza del catolicismo en España y otros países de
sus mismas características geopolíticas a lo largo de la historia. Por
lo tanto, la mitología cristiana española es muy rica, pero no más que
la de los países vecinos. La
península ibérica en vista de satélite. En los pasajes de bosques
frondosos y montañosos del norte viven la mayoría de las leyendas sobre
seres fantásticos
Pero parece que el catolicismo se resiste a usar el término
mitología, por razones de sensibilidad, supongo. Aquello de la mitología
es algo irreal: cuentos, leyendas; y se opone frontalmente a la
realidad divina incuestionable de la omnipotencia cristiana. Y es de
mitología de lo que quiero hablar, por lo que habrá que dejar los mitos
cristianos a un lado.
Contenidos del artículo:
El realismo en España
Retomo el inicio, pues: España es un país poco dado a mitologías y
cuentos de hadas. Esto es común a los países de tradición latina en
Europa, con más o menos excepciones (Francia tiene más influencia
germánica, por ejemplo). Es famoso el realismo que exhume nuestra
literatura desde la Edad Media. Este realismo llegó a su culmen con el
Quijote, que se reía de las fantasiosas novelas de caballerías. Estatuas de don Quijote y Sancho, en la plaza de España de Madrid
Este apego a la realidad ibérica no es solo artístico: puede que sea
uno de los motivos por los que la Inquisición apenas prestó atención a
las brujas (al igual que en el resto del sur de Europa). Esto es
constatable si comparamos en el número procesos abiertos contra brujas
en el centro y norte de Europa con los casos del sur.
La mitología en el folclore de España
Pero no escapamos a las leyendas sobrenaturales y seres mitológicos
que entran en la tradición de prácticamente todos los países de Europa.
De hecho, dentro de España hay zonas famosas por sus mitologías, todas
ellas en el norte: Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. Sin
embargo, otras zonas como Cataluña, Castilla o Andalucía también tienen
un buen catálogo de seres sobrenaturales, fantásticos y mitológicos. Parece
lógico pensar que en los frondosos valles del norte era más fácil la
aparición y conservación de los seres fantásticos. Sin embargo, hay
leyendas de toda índole en cualquier parte de la península. Foto de
Asturias
En este artículo hablaré solo de aquellos que, con algún matiz
regional, pueden encontrarse en el folclore de cualquier rincón de la
península.
Los trasgos, trasgus, martinicos…
Los duendes del hogar están presentes en toda España y tienen
características similares. Son seres diminutos, muy bromistas, que hacen
trastadas y gastan bromas constantemente, pero no son malos. Es casi
imposible verlos porque son muy tímidos.
En Andalucía y Castilla-La Mancha se llaman martinicos, en Castilla y
León, Asturias y Cantabria, trasgos. Un rasgo curioso es que tienen un
agujero en la mano izquierda que les impide coger cosas de pequeño
tamaño. Entroncan con la más antigua tradición indoeuropea, ya que son
seres comunes en las tradiciones latina, celta y germánica. Los trasgos guardan relación con los tradicionales leprechauns irlandeses
El gamusino
El gamusino es un animal fantástico de forma incierta, que se usa
para gastar bromas a los niños, cazadores o excursionistas que salen de
la ciudad. Viven en los bosques y en los campos, y se le dice a quienes
no lo conocen que deben buscarlo: “me tienes que traer un gamusino”.
Son, claro, imposibles de encontrar.
El hombre del saco, el sacamantecas y el coco
El hombre del saco es un ser malévolo y nocturno. Por la noche, se
acerca a las casas de los niños que se comportan mal, se mete en sus
habitaciones y los mete en su saco para llevárselos. No se sabe muy bien
qué hace con ellos una vez que se los lleva, pero es mejor no
averiguarlo.
Relacionado con el hombre del saco está el sacamantecas, un personaje
que rapta niños y mujeres para quitarles las grasas. Con ellas hace
ungüentes, aceites y jabones. Su origen podría ser la Edad Media, ya que
durante esos años se daba mucho valor a la grasa corporal.
La creencia en los beneficios de esta sustancia, de hecho, ha existido hasta hace poco. Otro ejemplo de ello sería la novela de El perfume.
Volvió a ponerse de moda a finales del siglo XIX y principios del siglo
XX debido a varios casos de asesinatos que encajaban con su
descripción. “Que viene el coco”, una lámina de la serie “Los caprichos”, de Goya
El coco es común a toda la península y a sus excolonias. Su función
es la misma que la del hombre del saco y el sacamantecas, pero este ser
devora a los niños. De hecho, una famosa canción en España dice:
“duérmete niño/duérmete ya/que viene el coco/y te comerá”.
En Galicia, como se verá, este personaje está mezclado con el dragón.
Hay muchísimas teorías acerca de su origen, tanto en Europa como en
América, y las más diversas etimologías. Son tantas y todas están tan
poco comprobadas que no merece la pena hablar de ellas.
El dragón
El dragón es, aunque varíe algo en su forma, características y
comportamiento, también un ser común a toda la península. Hay leyendas
sobre él en Galicia, donde se le llama coca; también en Cataluña es muy
conocida la leyenda de San Jordi, su patrón; en el País Vasco tienen al
herensuge; en Madrid sus montes del dragón (como se llamaba antes a
Guadarrama, por la forma de los montes y porque supuestamente allí
habitaba uno); en Asturias y Cantabria tiene al cuélebre, que vive en
las cuevas y en Andalucía tienen al lagarto de Jaén. Este último incluso
ha dado lugar a un famoso dicho en la ciudad: “reventar como el
lagarto”. El cuélebre, dragón típico del norte de España
El basilisco
También el basilisco tiene mucha presencia en España. De origen
griego, tomó la morfología por la que lo conocemos ahora en la Edad
Media. Se supone que es un gallo con alas reptilianas y cola de
serpiente.
En Cantabria existe la leyenda del gallo negro, que nace del cadáver
de un milano surgido de un huevo incubado una vez cada siglo. También lo
encontramos en el Pirineo catalán como protector de las tumbas de
aquellos que se enterraban con sus riquezas, así como en Málaga y
Toledo. La morfología actual del basilisco data de la Edad Media
Caballeros que luchan contra dragones, campesinos que revientan
lagartos, pájaros que nacen una vez al siglo, monstruos nocturnos,
asesinos sádicos, animales fantásticos que habitan los bosques, duendes…
tal vez no ande tan escasa España de fantasía como pudiera parecer.
Como bien dice su nombre, se trata de un ser diabólico sombrío con
capacidad de adopta la forma de una enorme mano negra ectoplásmica.
Se trata de un mito muy extendido a lo largo de la geografía
peninsular, con ligeras variaciones de su forma. En mikasa, la Mano
Negra atacaba a las personas cuando están distraídas, orinando (hombres)
o dormidas. Si te toca el hombro, al girar el rostro el ser suele
arrancar los ojos del incauto como si sus dedos fueran garras.
En Torre de Juan Abad (Ciudad Real) dice la tradición que la
“Mano Negra” era un ente femenino de cabellos largos, vestida de negro y
acuático con una fea manaza con uñas negras que habitaba en las oscuras
y peligrosas aguas de las charcas y pozos. Se decía de ella que siempre
estaba al acecho, siempre atenta y que arrastraba a los niños, a su
madriguera líquida, que habían conculcado la prohibición de no acercarse
al brocal.
En la Solana (También Ciudad Real) se decía que se llevaba a los
niños díscolos. Pero no hay acuerdo, es si la Mano Negra, es la diestra o
la siniestra.
En otras localidades se le recordaba como un lustre espantajo
antropomorfo: secuestrador nocturno que merodeaba por doquier en busca
de gente mala. Parece ser este espantajo tiene un pariente en otras
localidades denominada la “Pata Negra”, su hábitat son las chimeneas. Se
la dibuja como una gran pata de lobo negro o de zorra del mismo color.
En Galicia, era uno de los aspectos que adoptaba un demonio capaz de
adoptar su forma física y con esta forma, daba sustos de muerte. En el
castro de Montealegre (Domaio, Pontevedra) dos personas pasaban por un
camino. Una no vió nada, pero la otra vió la Mano Negra y murió casi
instantáneamente.
Dicen algunas historias y leyendas que pueden ser vencidos si le ganas un duelo de piedra, papel o tijeras.
En
la Ora maritima , Avieno hace referencia en unos versos a una isla
mediterránea, cercana a Málaga, dedicada por los tartesios a la diosa
Noctiluca (la luz nocturna). Estrabón afirma que los celtíberos y los
otros pueblos que lindan con ellos por el norte, todos los cuales tienen
cierta divinidad innominada a la que, en las noches de luna llena, las
familias rinden culto danzando, hasta el amanecer, ante las puertas de
sus casas. Tanto Avieno como Estrabón mencionan un santuario próximo a
Sanlúcar de Barrameda, consagrado a “lux divina” donde se ha querido ver
un culto lunar.
En el Norte Peninsular la diosa Hargi, la
diosa luna, forma parte de una consecuencia de nombre otorgado a este
astro por los Vascos como Ilargi (la más corriente y que significa luz
de los muertos), Idargi, Irargi, Iretargi, Iguetargi, Iratargi,
Argizagi, Argizari, Argizi y Goikua (literalmente: “el de arriba”). Se
piensa que la luna y el sol son de sexo femenino.
En las fórmulas y rezos se lo llama Ilargi amandre (luna-dama madre). Cuando sube al este, se le dice:
“Ilargi amandrea, zeruan ze berri ?”
“Luna abuela, quien de nuevo en el cielo?”
“Lune grand-mère, quoi de neuf dans le ciel ?”
La conexión de la luna con el ámbito
funerario se hace patente en las representaciones de ciertas estelas
procedentes, sobre todo, de la mitad norte peninsular. Una de las
divinidades que ha aparecido asociada a la luna ha sido Ataecina, por lo
que hay quien sostiene la teoría de que ésta tenía un aspecto salvaje
identificado con Diana. Además, en representaciones de la luna en varias
estelas, ésta aparece relacionada con el mundo funerario, que es
precisamente el ámbito de Ataecina.
En España, hay muchos mitos y leyendas
dedicadas a la luna, una de ellas es la canción Hijo de la Luna del
álbum Entre el cielo y el suelo, perteneciente al grupo español de
música tecno-pop Mecano. La letra esta basada en las supersticiones y
cosmovisiones de las creencias del pueblo gitano.
Museo
Arqueológico Nacional. Las esculturas íberas de damas oferentes tienen
elementos comunes, pero también pueden ser muy diferentes, como estos
tres ejemplos en la imagen.
Diosas, sacerdotisa o mujeres de alta alcurnia
El misterio envuelve a estas mujeres tan bellamente
representadas y depositadas en las necrópolis o importantes tumbas
encontradas en nuestra península. “La hija de Jefté” de James Tissot, inspirada en la Dama de Elche
Las mujeres íberas fueron transmisoras de status y de prestigio.
La mujer íbera estaba bajo la autoridad paterna, primero bajo la del
padre y luego bajo la del marido, sin embargo la mujer era transmisora
de status y daba, por ella misma, prestigio al hombre, constatamos este
hecho en los matrimonios de Asdrúbal y de Anibal que se casaron con
princesas ibéricas. A pesar de la dependencia del padre y del marido, la
mujer íbera podía conservar, administrar y trasmitir su dote.
La mujer en el mundo ibérico contribuyó a crear y fortalecer vínculos
diplomáticos, el más conocido es el de la princesa íbera Himilce que se
casó con Anibal para sellar una alianza entre ambos pueblos, el íbero y
el cartaginés, contra Roma. La sociedad ibérica fue por lo tanto,
exógama al aceptar, incluso fomentar el matrimonio entre etnias
diferentes y monógama
No es demasiado lo que se conoce sobre la
mujer ibera. Sólo lo que se deduce del testimonio de la escultura y la
cerámica o de los textos del historiador griego Estrabón.
Estrabón dice de las iberos:
“… Las mujeres
trabajan la tierra y paren en el mismo campo, bajo un árbol y luego
siguen trabajando…”; “… El esposo es el que dota a la mujer y son la
hijas quienes heredan y eligen las esposas para sus hermanos…” Y añade: “… tales costumbres apuntan a una ginecocracia que no puede llamarse civilizada…”
Gran Dama Oferente
La mayoría de las mujeres íberas trabajaban junto con el hombre en el
cuidado del campo y del ganado, como dice Estrabón “pare en el campo y
sigue trabajando” y en muchas ocasiones se hace cargo por completo del
campo, de los animales y de los hijos pues la sociedad íbera era muy
belicosa y eran frecuentes los enfrentamientos entre distintos pueblos
íberos por esta razón tenía un papel bastante reconocido aunque su
estatus era inferior al del hombre). Quizá, las frecuentes guerras
favorecen la importancia social de la mujer, que vela por la familia y
el poblado mientras el hombre está combatiendo
El historiador romano Salustio nos dice que escogían a su esposo
entre los guerreros más destacados. Las mujeres eran empresarias,
decidían en la casa, llevaban el negocio, traspasaban su linaje a sus
descendientes y ocupaban todos los cargos del Gobierno en los llamados
“consejos de mujeres”.
La mujer está íntimamente relacionada con el mundo sobrenatural, de
lo mágico, de lo misterioso, de lo No racional. La situación de la mujer
ibera depende de su clase social. Si pertenece a la aristocracia del
poder y del dinero, goza de amplias prerrogativas, como se deduce de los
ajuares de sus tumbas, que compiten en riqueza con los de los hombres.
La mujer ibera aparece en las ceremonias religiosas en plano de igualdad
respecto al hombre (como se manifiesta en las pinturas de los vasos de
Liria), o incluso en un nivel superior, cuando representa a la diosa (la
Dama de Elche o la de Baza). Incluso es posible que el sacerdocio, esté
integrado principalmente por mujeres (como sugieren las damas oferentes
del Cerro de los Santos).
Entre los ibéros prevalecía el culto de las divinidades femeninas, de
carácter telúrico, aunque también rendían culto al sol y la luna. Los
iberos tenían una religión matriarcal, con una diosa única. La Madre, la
Dama (Ama), símbolo de la creación y de la fertilidad, omnipresente,
que lo tiene todo y a la que acuden constantemente en demanda, que
imprime en el alma humana un maravilloso código moral, que castiga las
infracciones, en vida, con remordimientos interiores y, tras la muerte,
con un juicio (“paso estrecho y dificultoso”) que, si se logra salvar,
conduce al “refugio de paz y bienestar” (bake on tei) junto a La Madre y
para siempre.
Entre los ibéros tenían gran
importancia la casta sacerdotal, en la que las mujeres, como se observa
en los túmulos funerarios, eran el vínculo de la vida y la muerte. Las
sacerdotisas gozaban de gran prestigio, ya que eran las que estaban en
continuo contacto con el mundo de los dioses, aunque también había
hombres que desarrollaban una tarea mística, prueba de ello son los
sacerdotes lusitanos, que leían el futuro en los intestinos de los
guerreros enemigos.
A pesar de la valoración positiva de la
mujer en el mundo íbero, ésta tiene una función sedentaria, protectora
de la familia y es el hombre el que se desplaza, el que encarna la
individualización y el poder tanto político como militar.
Las esculturas de damas iberas
“Damas” es el nombre que reciben las esculturas
funerarias aparecidas en diferentes necrópolis ibéricas. Las esculturas
iberas nos presentan prácticamente la única fuente para aproximarnos al
aspecto físico de sus gentes; ya que incineraban a sus muertos y no
tenemos cadáveres para su estudio antropológico.
Las figuras escultóricas que conocemos con el nombre de damas (nombre
que se viene dando a partir de la primera hallada en excavaciones, que
fue la Dama de Elche) pertenecen al arte íbero. Junto a las dos grandes
damas (Elche y Baza) de claro significado funerario, existe dentro de la
producción escultórica ibérica una gran cantidad de damas oferentes.
Todas las encontradas hasta el momento tienen una cavidad que se supone
para depositar las cenizas fúnebres o bien para confiar algún tipo de
ofrenda u objeto litúrgico.
Junto a las dos grandes damas (Elche y Baza) de claro significado
funerario, existe dentro de la producción escultórica ibérica una gran
cantidad de damas oferentes.
Ya sedentes o en pie, se caracterizan por portar un vaso o recipiente
entre sus manos, lo que ha hecho pensar a los arqueólogos en
sacerdotisas, aunque otros autores piensan en simples exvotos a los
dioses (de ser esta última hipótesis serían semejantes a las kores del
arcaismo griego).
Y es que precisamente en estas damas oferentes (mucho más numerosas
que las funerarias) en donde podemos constatar cómo el mundo íbero es
mucho más múltiple de lo que solemos pensar, una amalgama de tradiciones
muy distintas (desde el mundo tartésico y fenicio en el sur, el púnico y
el griego en la costa mediterránea, otras endógenas y locales, a veces
influidas por la cultura celta en las zonas centrales…)
Las esculturas de damas iberas están realizadas en piedra caliza y en
ellas se aprecian restos de policromía. Su estilo se caracteriza por
presentar similitudes con las esculturas griegas de comienzos del siglo V
a. de C. aún con ciertos rasgos de arcaísmo (acusada frontalidad y
rigidez). Portan lujosas vestiduras, tocados complicados y joyas
recargadas y ostentosas en las que la influencia fenicia aparece
claramente. Ninguna de ellas se puede tomar como un ejemplo aislado. Son
un buen ejemplo del arte íbero con influencias del Mediterráneo
oriental y del mundo griego.
La gran dama oferente del Cerro de los Santos, aparece enjoyada con
tres collares diferentes, el tercero con anforillas como las que lleva
la Dama de Baza y la de Torres, la misma dovela que la Dama de Elche y
todas con las tres túnicas. Ya sedentes o en pie, se caracterizan por
portar un vaso o recipiente entre sus manos, lo que ha hecho pensar a
los arqueólogos en sacerdotisas, aunque otros autores piensan en simples
exvotos a los dioses (de ser esta última hipótesis serían semejantes a
las kores del arcaismo griego).
Los tejidos utilizados en la confección de la indumentaria ibera eran
la lana y el lino, habiéndose distinguido en La Albufereta diversos
tipos de tejidos, entre los que destacan unos tejidos gruesos de
contextura como de lanilla actual y lienzos finos similares al hilo
posiblemente para fabricar la ropa interior.
Para los colores, si tenemos que hacer caso de la pintura de las
estatuas, se utilizaba el rojo púrpura para los mantos masculinos y el
azul cobalto y la combinación de varios colores en las mujeres. Es
probable que el ajedrezado que aparece en algunos mantos como el de la
Dama de Baza se deba a que están realizados con fibras previamente
teñidas. El velo, el manto y la túnica forman son los tres elementos del traje femenino ibero.
El velo a veces se confunde con el manto, aunque el
triangular que cubre la parte posterior de la cabeza y llega hasta los
hombros es inconfundible. Hay, además, un velo propio de las
“sacerdotisas” que va sobre la mitra o la peineta y llega hasta los
muslos.
El manto es la última
pieza de la vestimenta. Consiste en una pesada prenda que cubre los
hombros, la espalda y los brazos de la figura. Es la prenda que envuelve
toda la figura llegando hasta los pies, que aparece sobre todo en las
estatuas de piedra. Se clasifican los mantos en rectangulares, semicirculares y con mangas.
Los rectangulares se separan según su tamaño y su forma de sujeción.
Los semicirculares se distinguen en abiertos y cerrados.
La tunica. Se distinguen también hasta cuatro tipos de túnica,
traje de mangas cortas que cubre toda la figura hasta los tobillos,
atendiendo a la forma de terminar la prenda. Aunque tienen parecidos con
prendas similares de la cuenca del Mediterráneo, su origen parece
local.
Las sacerdotisas eran quizás las que más adornos tenían.
De ellas vienen la mantilla y la peineta, con la que se solían cubrir
la cabeza y el cuerpo, un ejemplo de ello es la Dama de Elche, y los
moños que hoy se pueden ver en Castellón y Valencia. El tocado de la
cabeza de las damas iberas es muy complicado, como puede verse por la de
Elche o la menos compleja de Baza. Las iberas usaban peinetas,
diademas y mitras, altas o bajas, que, aun pudiendo ser un producto
autóctono, estarían inspiradas en modelos greco-orientales.
Los amuletos y los símbolos de protección
están muy presentes en el mundo íbero como pueden ser collares o
campanillas, para auyentar el “mal de ojo”, en nuestra sociedad, en
sociedades rurales, se sigue poniendo a los niños algunos objetos como
“la higa” o lazos que cumplirían esta función.
Hay, además, toda una serie de adornos
que servían para realzar la belleza de las mujeres iberas, destacando
entre ellos los variados collares de las grandes Damas (Elche, Baza y El
Cerro de los Santos) y los también abundantes de los bronces y
terracotas. También son frecuentes los cinturones, pendientes,
brazaletes y pulseras.”Artemidoro de Éfeso”, hombre de Estado que viajó
por las costas de Iberia alrededor del año 100 a. C., describe a la
mujer íbera en un texto que ha llegado hasta nuestros días, y en el que
puede reconocerse muy bien la descripción de la Dama de Elche, tal es el parecido:
Algunas mujeres ibéricas llevaban
collares de hierro y grandes armazones en la cabeza, sobre la que se
ponían el velo a manera de sombrilla, que les cubría el semblante. Pero
otras mujeres se colocaban un pequeño tympanon alrededor del cuello que
cerraban fuertemente en la nuca y la cabeza hasta las orejas y se
doblaba hacia arriba, al lado y detrás.
“(…) en algunos lugares llevan collares de hierro con unos
ganchos doblados sobre la cabeza que avanza mucho por delante de la
frente. Cuando quieren, cuelgan el velo de esos ganchos para que les dé
sombra en el rostro. En otros lugares se colocan alrededor un disco
redondeado hacia la nuca, que ciñe la cabeza hasta las orejas y que se
despliega hacia arriba y hacia los lados. Otras se rapan la parte
delantera del cráneo para que brillen más la frente, otras se colocan
sobre la cabeza una columnilla de un pie de alto, trenzan alrededor del
cabello y luego lo cubren con un velo negro.”
Las damas se maquillaban, como se puede deducir de
los restos de policromía de algunas de las Damas, de los restos de
espejos y de los ungüentarios para perfumes y cremas. Posiblemente se
maquillaban el rosto de blanco, se coloren las mejillas y se marquen el
contorno de los ojos con negro de antimonio, como ya utilizaban otros
pueblos de la antigüedad. Las mujeres gustaban por los perfumes, que se
elaboraban con aceites y esencias y se guardaban en cerámicas de tipo
askos, omo evidencian los hallazgos en las necrópolis. La Dama de Elche quizá sea la más emblemática, de visible inspiración griega, cabeza a su vez de las consideradas tres grandes damas ibéricas junto a la Gran Dama Oferente (Montealegre del Castillo) y la Dama de Baza.
La Dama Oferente es una escultura ibérica del siglo III o II
a.C encontrada en un yacimiento arqueológico íbero situado en el
municipio de Montealegre del Castillo, provincia de Albacete (España).
Se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid
(España). Evidencia el papel de la mujer aristócrata en los ritos
religiosos de los iberos. La figura muestra la gran importancia de la
mujer en aspectos religiosos de la cultura ibérica . La riqueza del
traje indica una dama de la alta sociedad, que puede estar ofreciendo un
presente a la divinidad, o podría participar en un rito de iniciación.
La cercanía del yacimiento a varias fuentes de aguas minerales refuerza
el significado salutífero y de dedicación religiosa de la escultura.
La Dama de Elche, en el Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid).
La Dama de Elche hallada
en La Alcudia, es una de las obras escultóricas más célebres del mundo.
Se descubrió el día 4 de agosto de 1897. Su identidad es un misterio,
pero se le atribuye un carácter tanto humano como divino. La expresión
del rostro de la hermosa mujer es de una gran paz, donde se percibe que
se encuentra en un momento de profundo pensamiento y reflexión.
Actualmente se interpreta como el retrato de una dama de la aristocracia
ibera, cuyos descendientes la habrían divinizado.
Es una escultura íbera en piedra caliza,
que se data entre los siglos V y IV a. C. Mide 56 cm de altura y pesa
65,08 kg. Esta escultura estuvo originalmente policromada y con los ojos
rellenos de pasta vítrea. Representa a una mujer de rasgos perfectos,
posiblemente idealizados y espléndidamente ataviada con ropajes y joyas.
Posee en su parte posterior una cavidad casi esférica de 18 cm de
diámetro y 16 cm de profundidad, que posiblemente servía para introducir
reliquias, objetos sagrados o cenizas como ofrendas a los difuntos.
Otras muchas figuras ibéricas de carácter religioso, halladas en otros
lugares, tienen también en su espalda un hueco y, como la Dama de Elche,
sus hombros se muestran ligeramente curvados hacia adelante.
El lugar donde se descubrió el busto de
la Dama de Elche es hoy un yacimiento arqueológico donde se han ido
descubriendo a lo largo de los años numerosas piezas de mucho valor,
íberas y romanas, testimonios de aquellas civilizaciones. Se ha
descubierto un poblado íbero-púnico, alcantarillado romano, mosaicos,
murallas y casas romanas.
La Dama de Baza. Crédito: Luis García / Wikipedia.
La Dama de Baza, es del siglo IV a. C., labrada en piedra caliza policromada por los bastetanos.Se
interpreta como la representación de una mujer de la aristocracia de la
ciudad de Basti, (Baza, Granada) heroizada mediante un destacado ritual
funerario. Descubierta en 1971, consiste en una fosa de 1,80 m. de
profundidad, con las esquinas redondeadas y probablemente recubierta de
madera. En ella se introdujo, apoyada en la pared norte, la escultura
sedante que representa a una mujer íbera con ricos vestidos y joyas. En
un orificio excavado en el trono se introdujeron los huesos quemados de
la difunta, y en el suelo alrededor de la estatua se dispusieron lujosas
cerámicas y objetos metálicos, especialmente armas.
Las teorías que se barajan
actualmente son que podría haberse tratado de una guerrera divinizada
(en relación a las falcatas y otras armas encontradas en el yacimiento) o
de una reina-sacerdotisa. Si bien el carácter sacro de la persona allí
enterrada es más que evidente, no lo es tanto su carácter guerrero. Es
posible que dichas falcatas sean simples ofrendas o demarcadores del
prestigio social del que gozaba la persona allí enterrada (debido a lo
costosa que era la elaboración de una de estas “espadas”), por lo que se
tiende a pensar que se tratara con más probabilidad de una figura
femenina de gran importancia social, como una reina o hechicera.
Por la Dama de Baza podemos deducir que
el calzado de estas grandes damas consistía en unos escarpines que
parecen de cuero, pintados en su totalidad de color rojo. Tanto en el
caso de las mujeres como en el de los hombres debía usarse también
calzado de esparto, tan típico de la zona.
Los iberos son muy aficionados a la danza y a la música. En
las escenas de música, siempre presente en los rituales ibéricos, la
mujer toca el aulos (oboe doble) y panderos y arpas. Abundan también las
escenas pintadas en la cerámica en la que se muestra danzando junto al
hombre, todos cogidos de las manos. No faltan en el ritual funerario las
plañideras, formando parte del cortejo fúnebre.
Estos hallazgos demuestran
la importancia del papel desempeñado por la mujer en las sociedades
ibéricas como transmisora de los linajes aristocráticos. La
mujer ibera tuvo un papel fundamental en la sociedad, pues participaban
en actividades religiosas, sociales o políticas en igualdad a los
hombres (como se manifiesta en las pinturas de los vasos de Liria), o
incluso en un nivel superior, cuando representa a la diosa (la Dama de
Elche o la de Baza).
Las mujeres iberas,
ensalzadas por Estrabón por su dureza en el trabajo, fueron también amas
de casa, campesinas e incluso empuñaron las armas.
“Que hayamos destrozado sus estatuas, que las hayamos arrojado de sus templos, no quiere decir que las diosas esten muertas”
Constantino Kavafis
MAS INFORMACIÓN:
Con el nombre de iberos conocemos a diversos pueblos asentados en la
zona mediterránea de nuestro país, desde Andalucía hasta el sur de
Francia. No se puede hablar de un único pueblo ibero sino de una
civilización, porque no formaron nunca una unidad política, sí
compartieron numerosos elementos culturales, como las creencias
religiosas, la lengua y muchas de sus costumbres. Al sustrato cultural
indígena se superpusieron influencias de los pueblos colonizadores
mediterráneos (fenicios, cartagineses y griegos), que produjeron una
síntesis cultural de gran originalidad.
La cultura ibérica
se desarrolló en torno a los ss. VI-V a. de C. y perduró hasta la
Romanización (siglo I a. de C). Eclipsado por otras civilizaciones, el
pueblo íbero, que dio su nombre a nuestra Península, tuvo una cultura
avanzada para su época.
Mapa de la península ibérica en el año 300 a. C. con los diversos pueblos que la habitaban.FUENTES:
El Sumicio es muy similar en todo al trasgu/trasno, pero con una clara
diferencia, que es la de ser invisible físicamente, a la par que hace
desaparecer las cosas y puede ser dañino para las personas; este
carácter dual, que encarna la eterna lucha entre el bien y el mal, es
consustancial al mito y lo podremos constatar en todos los estudiados.
Decíamos que el Sumicio acostumbra a hacer que las cosas desaparezcan
de manera especial aquellas que, en un determinado momento, resultan
imprescindibles. Así, cuando se precisaban unas tijeras o un cuchillo en
la casa y no aparecían, la malhumorada ama murmuraba:
"Paez que lo llevóu el sumicio". Así lo hemos oído multitud de
veces en nuestra propia casa y así lo atestiguan algunas curiosas
historias, como aquella en que la devota señora que entra en la iglesia y
va a rezar el Rosario y no halla el suyo, estando segura de haberlo
traído con ella, por lo que exclama: "En mi vida nunca oín qu'en la
iglesia entrase´l trasno; pos si él nun entra eiquí, quen me garróu el
rosario".
Pero el Sumicio no se conforma con hacer desaparecer las cosas,
que no pasaría de ser el lado más o menos desenfadado de su actuación,
sino que tiene poder suficiente para hacer daño, "sumiendo" a las
personas, casi siempre niños ("sumir" es sinónimo de desaparecer, pero
en sentido de progresión, no con carácter instantáneo). De ahí procede
el conocido dicho popular, muy repetido aún entre nuestras gentes: "Mal
sumicio te suma" (o esta otra variante: "Mal sumicio te lleve"). Por
tanto, está provisto de unos efectos dañinos y letales, como si de un
poderoso virus se tratase, lo que le asemeja a otro mito poco conocido,
el de los "Malinos", sobre el que Alberto Álvarez Peña ha hecho
decisivos estudios.
Aunque el Sumicio es más perverso que el trasno y resulta muy
difícil deshacerse de él, siempre hay una posibilidad y en este caso, se
trata de la oración de San Antonio, la cual, si va acompañada de una
dádiva, da un resultado sorprendente, ya que se halla pronto lo perdido,
que se atribuye por las gentes no a un mero mecanismo de estimulación
mental, sino a la acción benéfica del milagrero santo, que bloquea los
perversos poderes del Sumicio. Bien sabido que al rezar la oración no se
puede cometer ningún error, pues entonces el objeto deseado nunca más
aparecerá. En Somiedo y otros lugares, aparece en acción la "riestra" de
ajos, ya que, en el trasfondo de nuestros mitos siempre se encuentran
las ánimas, las brujas y... los diablos.
Endovéllico, también llamado Endovélico, Enobólico, Endovelicus o
Endovellicus, es el más conocido de los dioses celtibéricos prerromanos
de la Edad del Hierro. El nombre es de origen celta y significa "dios
muy bondadoso". Dios de la salud, protector de la tierra y la
naturaleza, especialmente los bosques.
Endovélico es el dios principal del panteón lusitano en época
prerromana. Es la divinidad de la que se conservan alrededor de un
centenar de inscripciones y una de las pocas que no se sincretizó
completamente con ningún dios romano, aunque en contadas ocasiones se ha
asimilado a Esculapio por sus dotes sanadoras. Su nombre se ha
traducido de dos maneras: como "el muy bueno" o "el negro". La más
aceptada es la primera, aunque la segunda también tendría sentido ya que
Endovélico está altamente relacionado con el inframundo, donde fue tras
ser muerto por un jabalí, animal con el que se le relaciona.
Endovélico tenía también relación con las dotes adivinatorias
especialmente a través del sueño. Para esto, tenía lugar un ritual
llamado incubatio que se llevaba a cabo en el templo o altar del dios,
pidiéndole ayuda o consejo. El devoto dormía allí mismo y se suponía que
en sueños recibía el mensaje que necesitaba. Otros autores le
relacionan también con el bosque y el renacer vegetal, ya que tras su
estancia en el inframundo, llevaría consigo la primavera al volver a la
superficie, acompañado por su consorte la diosa Ataecina.
Se le honraba mediante el sacrificio de cerdos, debido a la
asociación del dios con los jabalíes (se han encontrado exvotos en forma
de jabalí en zonas de culto), aunque también ha aparecido representado
por un águila en algunas aras típicamente romanas. Se le otorga un
carácter solar y ctónico, por lo que se le asocia también a la mina.
Los rituales religiosos del mundo íbero han sido siempre todo un enigma. Parece que en este pueblo prevalecía el culto de las divinidades femeninas, de carácter telúrico, aunque también rendían culto al sol y la luna.
La diosa Noctiluca o Malac (la que luce en la oscuridad) se considera el numén del motor espiritual del Mediterráneo. En el siglo VIII a.C los fenicios arribaron a las costas ibéricas donde reinaba esta diosa. Para los antiguos navegantes del otro extremo del Mediterráneo, Noctiluca era la diosa de la fecundidad, la vida y la muerte que ellos adoraban como Astarté, en Egipto como Isis y en Grecia como Hécate.
A las costas malagueñas, en ocasiones, sobre todo alrededor de las fechas del Solsticio de Verano, suele llegar un pequeño visitante, que pasaría totalmente inadvertido por los malagueños, de no ser porque son como pequeñas luciérnagas esparcidas en el agua, allí donde la marea mueve el mar pueden verse miles de pequeños destellos provenientes de la pequeña Noctiluca Scintillans, comúnmente conocida como Chispa de mar. Los antiguos fenicios creían que esas partículas centelleantes eran el reflejo de algún artificio de Noctiluca, diosa de la Luna o de la Luz Nocturna, divinidad innominada a la que rendían culto en las noches de luna llena.
Noctiluca representa a la ancestral y primigenia diosa Madre, principio femenino que se añade al eje rector de la Luna como organizador de los ciclos vitales y agrícolas. Su nombre cambia según las lenguas de los pueblos que la veneraban. Sus templos eran las cavernas de las montañas. Noctiluca era pues, la diosa íbera de la noche, la Luna o de la Luz Nocturna. Quizás la Divinidad Innominada a la que los celtíberos rendían culto en las noches de luna llena, con danzas que se prolongaban hasta el amanecer.
Entre sus devotos la diosa lunar Noctiluca fue representada en forma de betilo en la tierra, y por las distintas fases de la luna en los cielos. El culto a esta divinidad, bajo estos mismos elementos, fue representado también en las monedas fenicias de Malaka, todo lo cual confirmaría a la llamada Cueva del Tesoro ubicada en el término municipal de Rincón de la Victoria (Málaga) como el antiguo Santuario dedicado a esta divinidad. (Fuente1)
En el santuario se puede ver el ídolo prehistórico, una piedra que debido a la erosión tiene la forma de una mujer envuelta en un manto. Las formas prodigiosas de estalactitas y estalagmitas parecen tomar vida como si la naturaleza concediera soplo el soplo de la creación a figuras inertes de la piedra. Eso es lo que vieron los ancestrales adoradores en sus incursiones al interior de una de las salas de la cueva del Tesoro (y que Avieno cita en su obra “Oda Marítima): la diosa revestida con una manto majestuoso apoyada sobre un pedestal bicorne con mucha similitud con el misterio de los astros de la noche que presenciaban en el cielo. La pétrea figura se erigía en diosa para el culto de nuestros antepasados y figura mítica que copa la admiración de quienes hoy nos acercamos a sus inmediaciones. Más abajo, en el paseo marítimo podemos ver también hoy en día una estatua de Noctiluca realizada por el malagueño Jaime Pimentel.
La ancestral divinidad era conocida también como Malac. El nombre de Malaka dado a la ciudad de Málaga por los fenicios, es un homenaje que los primitivos fundadores rendían a la diosa prehistorica. Rufo Fiesto Avieno dice en su “Ora Marítima”: “[…] bajo el dominio de los tartesios existe allí, frente a la ciudad (Mainake o Málaga) una isla, consagrada antes por los habitantes a Noctiluca”. Existen monedas fenicias del siglo VI-VII a.c. con la figuración de dicha diosa lunar, y de naturaleza matriarcal. La numismática fenicia y el poema de festo Avieno, documentan las primeras relaciones comerciales entre Tartessos y la Malaka de los libiofénicios.
Festo Avieno identificó tres altares consagrados a Noctiluca en la Antigüedad en el sur de la Península Ibérica: uno en la Cueva del Tesoro, otro que se correspondería con la aldea de El Rocío en Huelva y un tercero en Villaricos, en Almería.
Los fenicios llevaban en procesión a la diosa Malac desde el santuario del Higuerón hasta lo que hoy son las playas del El Palo, allí introducían a la diosa en el mar para que bendijera las aguas. Esta tradición de la diosa Noctiluca pudo ser origen de nuestra tradicional bendición de la Virgen del Carmen. Cambiamos las divinidades pero no las costumbres
La fiera corrupia es el personaje de la Fiera Corrupia se originó en los romances de ciegoiqakie cordel" entre los siglos XVII y XIX.. Entre los diversos temas de sus fábulas, leyendas y crónicas figura el de las fieras.
Una de las fieras mas popularizada por esta Literatura de Cordel, la que más famosa se hizo en el vulgo, y la que ha pasado a la posteridad como arquetipo de fieras quiméricas y fabulosas es la Fiera Corrupia de la que se narraban horribles y fabulosas hazañas, en Navarra se la conoció también con su nombre deformado, que para eso los hispanoparlantes somos mandados a hacer, y a principios de este siglo, allí se le llamaba Fiera Alzupurriaia Era un terrible y malvado personaje, basado seguramente en la bestia del Apocalipsis, que asesinaba sin piedad a todos los que se cruzaban en su camino. Se le describía como una bestia con cabeza de toro, cuerpo de lagarto cubierto de escamas y enormes uñas como ganchos de romana, aunque la descripción variaba según los autores. A ella alude varias veces Pío Baroja. En su libro Vitrina Pintoresca (Madrid, 1935, págs. 197-8). Dice así:
...La Fiera Corrupia, en forma de dragón rojo, con siete cabezas, diez cuernos, y unos candeleros con velas en cada cabeza, era evidentemente La Bestia del Apocalipsis... Esta fiera corrupia, descendiente espuria de la Bestia Apocalíptica ha perdido sin duda, de cartel en cartel, el carácter de su origen bíblico.
Se han visto varios romances en los cuales la fiera tenía otros aspectos, véase lo que decía uno de ellos:
La Fiera Malvada. Nueva y curiosa relacion en la que se declara y da cuenta de las horrorosas muertes, estragos y desgracias que ha ejecutado una fiera silvestre titulada Alzupurria el dia 12 de marzo del presente año en la ciudad de Urben, inmediata a Tierra Santa, matando a 153 personas y comiéndose cinco niños llevándose uno para después... y del fin que esta tuvo.
[Joaquín Alipio].
Pío Baroja volvió sobre el personaje, dedicándole un romance en sus Canciones del suburbio:
En Villabruta del Monte, en una caverna oscura que se abre en una oquedad del Pico de Peña Cruda, se ha presentado un engendro, un fantasma, una furia que los más listos del pueblo llaman la "Fiera Corrupia". Es un animal monstruoso, Como un gato lleno de uñas, Con cabeza de serpiente y ojos grandes de lechuza; parte cubierta de pelo y otra cubierta de plumas; de un aspecto tan terrible, que al mismo demonio asusta.
Tan pronto llora en silencio corno se ríe o rebuzna y desgarra a quien se acerca, mientras quejándose aúlla. Tiene en la frente diez cuernos, cara terrible y adusta, y unas velas encendidas entre la frente y la nuca, que dan a su negra cara una expresión tremebunda.
Al parecer, a los chicos les engaña y les adula, y si los pesca en sus garras los sujeta y los manduca. Se ha comido ya seis niños esta fiera disoluta, y, según dicen algunos, hasta los huesos los chupa al parecer, ahora piensa y cínicamente anuncia engullirse algunos más como quien se traga chufas.
No sabemos en la aldea cómo comenzar la lucha contra esta bestia rabiosa que al vecindario importuna, pues si es sobrenatural como varios aseguran, entre ellos Pepito "el Sacris" y la sobrina del cura, ni los tiros ni los palos tendrán eficacia alguna.
Nuestro dignísimo alcalde ha congregado una junta para hacer una campaña contra esta fantasma impura; pero hay que reconocer, y a nadie se nos oculta, que la situación actual empieza a verse confusa, pues hay hombres que pretenden y sostienen y murmuran, por echárselas de sabios y de gente de cultura, que en Villabruta del Monte no existe tal Peña Cruda ni hay en ella, por lo tanto, ni cavernas, ni hendiduras, ni fieras que coman niños, ni monstruos de pelo o pluma, y que todo ello no pasa de ser una broma estúpida, una ilusión de zoquetes, una necedad absurda, una idea de cazurros y una estólida impostura.
Yo apelo al gobernador y reclamo la su ayuda para que nos dé instrucciones sobre tal fiera gatuna, puesto que resulta cierto, y ello está fuera de duda, que el bicho, exista o no exista, nos está haciendo la cusca.
El poeta sevillano Fernando Villalón (1881-1930) dedicó también una interesante composición al personaje, incluida en su obra Romances del 800: LA FIERA CORRUPIA
La fiera corrupia es verde con rayas, en ascuas los ojos, la cola enroscada.
Corre, corre, corre, corre, que te alcanza. Pablito la ha visto pelando la pava y le dijo: ¡MAAU! con voz desusada.
Corre, corre, corre, corre, que te alcanza.
Es verde, muy verde, con algunas rayas, y en las piedras lisas sus uñas clavaba.
Corre, corre, corre, corre, que te alcanza.
Sentada en un canto de piedra labrada, se afila los dientes con una navaja.
El Sumicio es muy similar en todo al trasgu/trasno, pero con una clara diferencia, que es la de ser invisible físicamente, a la par que hace desaparecer las cosas y puede ser dañino para las personas; este carácter dual, que encarna la eterna lucha entre el bien y el mal, es consustancial al mito y lo podremos constatar en todos los estudiados. Decíamos que el Sumicio acostumbra a hacer que las cosas desaparezcan de manera especial aquellas que, en un determinado momento, resultan imprescindibles. Así, cuando se precisaban unas tijeras o un cuchillo en la casa y no aparecían, la malhumorada ama murmuraba:
"Paez que lo llevóu el sumicio". Así lo hemos oído multitud de veces en nuestra propia casa y así lo atestiguan algunas curiosas historias, como aquella en que la devota señora que entra en la iglesia y va a rezar el Rosario y no halla el suyo, estando segura de haberlo traído con ella, por lo que exclama: "En mi vida nunca oín qu'en la iglesia entrase´l trasno; pos si él nun entra eiquí, quen me garróu el rosario".
Pero el Sumicio no se conforma con hacer desaparecer las cosas, que no pasaría de ser el lado más o menos desenfadado de su actuación, sino que tiene poder suficiente para hacer daño, "sumiendo" a las personas, casi siempre niños ("sumir" es sinónimo de desaparecer, pero en sentido de progresión, no con carácter instantáneo). De ahí procede el conocido dicho popular, muy repetido aún entre nuestras gentes: "Mal sumicio te suma" (o esta otra variante: "Mal sumicio te lleve"). Por tanto, está provisto de unos efectos dañinos y letales, como si de un poderoso virus se tratase, lo que le asemeja a otro mito poco conocido, el de los "Malinos", sobre el que Alberto Álvarez Peña ha hecho decisivos estudios.
Aunque el Sumicio es más perverso que el trasno y resulta muy difícil deshacerse de él, siempre hay una posibilidad y en este caso, se trata de la oración de San Antonio, la cual, si va acompañada de una dádiva, da un resultado sorprendente, ya que se halla pronto lo perdido, que se atribuye por las gentes no a un mero mecanismo de estimulación mental, sino a la acción benéfica del milagrero santo, que bloquea los perversos poderes del Sumicio. Bien sabido que al rezar la oración no se puede cometer ningún error, pues entonces el objeto deseado nunca más aparecerá. En Somiedo y otros lugares, aparece en acción la "riestra" de ajos, ya que, en el trasfondo de nuestros mitos siempre se encuentran las ánimas, las brujas y... los diablos.