Diosa del poder, parvati es el renacer de Sati, en su intensión de complacer a Shiva ya que era su consorte.
Caracterizada
por su gran belleza propia de la encarnación de la feminidad, tan
brillante como el sol naciente además con hermosa figura.
Lo
mas complejo de esta deidad se manifiesta en la dualidad que representa
con su consorte Shiva ya que representan la dualidad del universo en
espíritu y materia.
Significados
Es una diosa considerada como la diosa de los alimentos y la madre divina, así mismo es llamada con diferentes nombres:
Shakti: nombre que representa la energía en sí misma, la energía para toda la existencia.
Devi: nombre propio de deidades femeninas.
Sati: el nombre de la diosa que reencarnó como Parvati, luego de ser la primera esposa de Shiva.
Durga: carácter protector de Parvati.
Kali: el símbolo de Brahman o diosa negra de la destrucción.
Origen
La
diosa Parvati, significa hija del monte Párvata, para algunos conocida
como Gauri, otros le dan significado de arroyo de montaña.
Se dice que es hija de Hima-Yat que se traduce en “monte que tiene nieve” haciendo referencia a los montes Himalaya.
Así mismo figura como esposa del dios Shiva, madre de Ganesh y de Skandra el dios de la guerra, y hermana de Vishnu.
Una deidad adorada en la actualidad
Aún
cuando forma parte de las leyendas de deidades hindúes, actualmente
existe una gran cantidad de templos donde se adora a la diosa Parvati,
entre ellos están los templos de:
lunes, 28 de enero de 2019
Según diversos historiadores, la India es
la "civilización más antigua de la Tierra", con tradiciones
culturales que se remontan en algunos casos a unos 8000 años A.C, y registros escritos en
los Vedas (libros del conocimiento hindú), que se cree poseen
entre 3000 y 5500 años de antigüedad. Así
mismo diversos elementos de la cultura india, como la religión y la
gastronomía, han tenido un importante impacto en todo el mundo. En el
caso
específico de la religión, la India ha sido cuna de religiones como la
religión Veda, precursora del hinduismo, el sijismo, el budismo y el
jainismo.
Lo
que entendemos por cultura Hindú nacería aproximadamente hace 4,000
años, por el encuentro de dos pueblos distintos; los llamados ARIOS y la raza DRAVINIANA.
La historia comienza entonces en la Península Indica, en Asia; habitada
originalmente por una raza negroide, que se localizaba en el valle del
río Indo, y cuya civilización florecería en el año 2,500 a.C. Esta
cultura en el año 2,000 a.C. es invadida por una civilización llamada
Aria, que hablaban una lengua de la que procedería posteriormente el
sánscrito. De acuerdo a la mayoría de historiadores, los Arios provienen
de la zona oriental de Europa y en particular de las poblaciones
cercanas a las llanuras del Volga. Otros investigadores no ortodoxos
asocian el pueblo Ario, con los míticos hiperbóreos.
El
hinduismo como religión es politeísta y se enmarca es una mitología
supremamente compleja, que no pretende demostrar la realidad, sino
interpretarla de manera simbólica y que a menudo puede ser ambivalente.
Sus tres principales deidades son: Indra, dios de la lluvia y el rayo, Shiva, el destructor de mundos y Vishnu, el preservador, reconstructor de la creación.
Las "vimanas" el vehículo de los dioses
Los textos sagrados de la literatura vedántica hindú hablan de lo que para
algunos ha sido interpretado como naves espaciales (para otros son sólo los
vehículos simbólicos de los dioses); conocidas bajo el nombre de
"vimanas" (llegando a mencionar hasta 113 modelos de vimanas
diferentes). Estas antiguas máquinas voladoras hacen pensar a algunos que
los extraterrestres son en realidad los dioses de los que hablan los
mitos y que han interactuado con la humanidad desde hace miles de años, incluso
creando al hombre “a su semejanza” como parte de un experimento genético.
Representación
de las Vimanas, las naves de los dioses
Esta es la posición de muchos investigadores entre
los que se incluye al Dr. V. Raghavan, director
jubilado del departamento de Sánscrito de la prestigiosa Universidad de Madras
de la India, quien afirma; "la India ha sido anfitrión de
extraterrestres en la prehistoria. Esto puede concluirse a partir de los
documentos en Sánscrito (lengua clásica de la India y el Hinduismo) con
milenios de antigüedad, que describen a extraterrestres del espacio exterior
que visitaron la tierra en el 4.000 a.C". El Ramayana, libro sagrado
hindú, describe máquinas voladoras o "Vimanas" que navegaban a
gran altura: "Estos vehículos espaciales eran similares a los llamados
platillos voladores reportados en todo el mundo de hoy". (El Rincón
paranormal.
http://elrinconparanormal.blogspot.com/2013/01/India-visitada-por-extraterrestres-en-la-antiguedad-vimanas-naves.html).
Según el Samar (otra colección de
textos sagrados), los "vimanas" funcionaban con la “potencia latente
del mercurio caliente”. Habrían dos tipos de vimanas: los “surymandalas”, que
alcanzaban las regiones del sistema solar, y los “nahasatramandalas” que viajaban
hacia el Sol. Por otro lado, los textos del Drona Parva hablan de un
conflicto –aparentemente atómico– que habría sucedido alrededor del 12.000 a.C.
Describe un “enorme proyectil llameante, quemando con fuego sin humareda,
haciendo arder los bosques y matando millares de individuos”. Describe también
el “arma de Agneya”: que arrastraba atrás de sí, en su corrida, un resplandor
cegante”.
En el Mahabharata escrito aproximadamente en el 3.000 a.C., hay imágenes muy
claras de batallas fantásticas: “Bhima voló con su vimana en un rayo
inmenso, que tenía el resplandor de un arma que podía matar a todos los
guerreros que usasen metal en el cuerpo: "El arma causaba el efecto de
hacer caer los cabellos y las uñas de las manos y de los pies, y todo lo que
era vivo se tornaba pálido y flaco”. Algo muy parecido le sucedió a
los habitantes de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en agosto de
1945. En el octavo libro del Mahabharata, se cuenta que el personaje
Gurkha, a bordo de un poderoso "vimana", arrojó un único proyectil
sobre la “ciudad triple”. De ella se elevó una fumata blanca, incandescente,
diez mil veces más clara que el Sol. La fumarada se levantó con brillo inmenso
y redujo la ciudad a cenizas.
VIMANAS, LOS OVNIS DE LOS DIOSES
La gran mayoría de investigadores que
analizan los textos sagrados hindúes, consideran que lo allí descrito no es más
que un reflejo de la gran creatividad e imaginación de los escritores antiguos.
No obstante, el descubrimiento de las ruinas de Mohenho-Daro, en la India
en 1960, parece confirmar la utilización de armas atómicas, ya que
de las ruinas emergieron esqueletos que parecían quemados. Fueron estudiados y
se constató una antigüedad de 8.000 a 12.000 años. Lo que descolocó a la
ciencia era que esos esqueletos tenían una fuerte presencia de radioactividad. La pregunta de algunos es
si el relato nuclear de los antiguos textos tenía que ver con las víctimas de
los restos radiactivos hallados en las ruinas de Harappaimohenho-daro, en el
Valle del Indo. El nivel de radiación de los mismos superaba en 50 veces la
normal. Las pruebas se repitieron varias veces mostrando siempre la misma
realidad de un holocausto nuclear, tal cual lo relatan los milenarios textos de
la India. Incluso hoy los niveles de radiación registrados por los
investigadores son tan altos, que el gobierno Indio ha acordonado toda la
región. (Las naves espaciales Védicas:
VIMANAS. Circulo Odinista Europeo.(http://www.odinismo.com/forum/viewtopic.php?p=19532&sid=a4c7f092747ee03e4ac233fd4b595eb0)
Mohenho-Daro y las evidencias de un holocausto nuclear en la antigüedad
El descubrimiento reciente
de Dwaraka, la ciudad de los mil templos, sumergida frente a las
costas occidentales de la India parece confirmar la validez histórica del Mahabharata
que la describe con lujo de detalles. También recientemente y gracias a la
fotografía satelital se pudo confirmar la existencia de un puente sumergido
entre la India y Ski Lanka, cuya construcción por el dios Hanuman es
descrita en el Ramayana. Otras culturas de la región también incluyen
referencias muy explícitas de naves voladoras en sus textos sagrados. En el
"kantio o kantium" libro sagrado tibetano, se describen unas
“perlas voladoras”. Capaces de transportar a cientos de personas e ir de un
lado al otro, incluso hasta lejanas galaxias.
Hanuman (en verde) construyendo el puente hacia Sri Lanka. Fotografía aérea que muestra el puente sumergido entre la India y Sri Lanka
Quizá deberíamos ver
con más respeto y credulidad a los antiguos registros de nuestros
antepasados, no solo de la cultura hindú
Agni,
dios del fuego, y dios del sacrificio, nade de nuevo cada vez que se
enciende un fuego. Se trata de uno de los principales dioses védicos (de
la India primitiva), pero su rol se fue limitando lentamente, siendo
sus atributos asumidos por Shiva o Skanda (parido por Agni tras un breve
y agónico embarazo)
Fuego purificador
Mientras
el fuego de Shiva será el que arrasará el mundo hacia el final de los
días, el de Agni limpiará y purificará la suciedad y los pecados del
mundo. Esa es la razón por la cual en el hinduísmo se practica la
cremación de los muertos.
La capacidad purificadora del fuego de Agni, fue concebida por el sabio Bhrigu.
Bhrigu
raptó a la esposa de otro hombre y el marido ofendido, le preguntó a
Agni donde podría encontrarla ya que conocía todos los hogares. Agni se
lo dijo, pero Bhrigu se enojó tanto que maldijo a Agni para que se
comiera todo lo que a su paso encontrara, fuera esto puro o impuro. Agni
dijo que al ser un dios, debía decir la verdad, por lo que entonces
Bhrigu le dio poder para purificar todo lo que quemase.
Agni tiene
dos cabezas, un cuerpo rojo de fuego y siete lenguas que con avidez
chupan la manteca utilizada durante los sacrificios.
Procedentes de una antigua raza hindú de bestias mitológicas, los
rakshasas son criaturas demoníacas que habitan bajo la forma de un
felino humanoide. Extendiendo la maldad
Con la cabeza de un depredador, generalmente un tigre, y el cuerpo de
un musculoso humano, los rakshasas son toda una manifestación del mal y
la crueldad más salvaje, y caminan siempre en busca del caos.
Su propio nombre, rakshasa, proviene de la palabra “rakshas” que
significa “guardián” aunque, quizás, la expresión “algo de lo que
guardarse” sea más acertada, dada su ansia de destrucción de comunidades
humanas.
Conocidos por ser caníbales devoradores de hombres, han ganado su
fama destruyendo templos, profanando tumbas y atormentando tanto a vivos
como a muertos. Y es que los pishacas, un tipo de rakshasa menor propio
de los cementerios, impiden el descanso de los difuntos, arrancando su
carne podrida y extendiendo enfermedades que afectan también a los
vivos. Los
pishacas tienen la forma de un goblin diabólico y apestan a
putrefacción. Su actividad es mayoritariamente nocturna ya que la luz
del día los debilita y aturde. Se asocian con los grahas, demonios de la
enfermedad, también presentes en cementerios, para sus malvados planes y
sólo responden ante los rakshasas más poderosos, a los que consideran
sus superiores. El rakshasa hindú
Según los textos del Ramayana, los rakshasa tenían forma humana y
surgieron de los pies del dios Brahma. Este dios eligió a algunos
rakshasa para convertirlos en sus guerreros de élite. Seleccionó a los
más crueles y a los que se habían reencarnado varias veces siendo
malvados, y les proporcionó dotes especiales.
Entre los más poderosos destacaba Ravana, el líder de los rakshasas,
que poseía 10 cabezas y 20 brazos. Este formidable guerrero era
prácticamente indestructible, ya que cuando se le cortaba un brazo
volvía a brotar uno nuevo. Las enormes cicatrices de su cuerpo daban fe
de las batallas libradas contra los dioses y los humanos.
Los rakshasas dominaron los bosques, territorio en el que se
encontraban cómodos, dada su habilidad para trepar, saltar y camuflarse.
Según la leyenda, controlaban la zona geográfica perteneciente a la
actual Sri Lanka, y lo hicieron masacrando aldeas y retando a la
autoridad de los dioses. La ofensa fue tal, que Vishnú, el jefe de la
tríada suprema de dioses hindúes, se encarnó en el rey Rama y asesinó a
Ravana. Tras su muerte se restauró la paz en la zona.
Las leyendas indias son numerosas, tanto como las luchas de los
dioses con los rakshasas. Son luchas eternas en las que unas veces los
dioses salen victoriosos y otras veces son los rakshasas los que
se imponen. Un ejemplo es el caso de la leyenda de Durga, un terrible
rakshasa con cuerpo humano y cabeza de toro de quien se dice que
consiguió derrotar a todos los dioses, desterrándolos al exilio. La parte animal
La forma más común del rakshasa es la de felino. Un cuerpo humanoide
cubierto de una fina capa de pelaje con el color y los moteados típicos
de su raza (tigre, leopardo, pantera, etc). Otras de las formas que
suele adoptar, aunque más raramente, son de la de toro y la de mono.
Sus garras suelen tener la forma inversa a la de los humanos, es
decir, tienen las palmas en la parte superior y no la inferior. Brotan
de ellas unas afiladas uñas negras con veneno. Lo mismo ocurre con sus
colmillos, que también son venenosos, por lo que es muy común que
ataquen con mordiscos o con zarpazos. Pensé que eras mi amigo
No es habitual que un rakshasa luche cuerpo a cuerpo ya que tiene
otras muchas formas de acabar con un enemigo, por ejemplo, la capacidad
de transformarse en cualquier figura humana. Así, puede convertirse en
una figura conocida por el contrincante, como un familiar o un amigo.
Además, puede interceptar los pensamientos y leer la mente, con lo que
el engaño es total.
Son muy hábiles con la magia, sin embargo, los conjuros no les
afectan. Es inútil intentar dar caza a un rakshasa con artes arcanas.
Solamente su naturaleza demoníaca es vulnerable al agua bendita, por lo
que usada en un proyectil, a modo de dardo venenoso, puede acabar con
ellos instantáneamente. La sociedad rakshasa
Son seres solitarios pero muy organizados y leales entre ellos. La
mujer rakshasa, conocida como rakshasi, es un miembro igual de
importante en la sociedad que su contrapartida masculina.
Se dice de los rakshasas que todo el mal y el rencor que guardan
dentro se han acumulado durante varias vidas, ya que siempre se
reencarnan en otro rakshasa que conserva los recuerdos de vidas pasadas.
Es por esto que los rakshasas son, en cierto modo, inmortales. No
importa que sea destruido, volverá a la vida como otro rakshasa con más
odio.
La mitología hindú que cuenta con una vasta cantidad de diferentes
seres mitológicos, también presenta sus propios gigantes mitológicos: los daityas. Gigantes con apariencia humana de gran fuerza y poder que no
se diferenciaban demasiado de los que hemos venido viendo en el resto de
diferentes mitologías. Su tamaño era tal, que se dice que los
daityas femeninos portaban joyas del tamaño de rocas. Eran los
descendientes de la diosa Dity y del sabio Kashiapa que, a su vez,
también fue el padre de la humanidad y de la raza naga.
Los daityas pertenecían a la estirpe de los asura, unos seres mitológicos de carácter divino propios de esta mitología, que se encontraban en constante conflicto con los dioses
por lograr obtener el poder. Ambos, asuras y dioses, eran opuestos, y,
haciendo un paralelismo, podrían ser el equivalente a los demonios en el
imaginario occidental. Los gigantes daityas eran parte de los demonios asuras
Eran unos seres que podrían haberse convertido en dioses o devas
pero que, por sus malas acciones y decisiones, no lo hicieron. En este
caso se les conoce por el nombre de Dánavas. Así pues, los daityas se
encuentran dentro de este grupo de seres de inclinaciones no benévolas
y, pese a su gran poder, se les sitúa en los puestos inferiores de la
escala jerárquica hinduista.
En unos de los textos sagrados de esta religión, llamados Upanishads,
se narra como los devas y los asuras acudieron a Prajäpati, un consejo
de deidades superiores que determinaban sobre la vida, en busca de la
comprensión del ser. Obtuvieron del consejo una respuesta simplista, lo
que determinó una profunda diferencia entre estos dos grupos divinos; los asuras se conformaron con la simple explicación pero los dioses no la aceptaron
ya que no reflejaba el significado completo de la existencia por lo que
continuaron esforzándose para alcanzar su total comprensión. Devas y Asuras representan la dualidad entre el bien y el mal en constante oposiciónAunque extremadamente longevos, los gigantes ansiaban la inmortalidad.
Y envidiaban a los dioses que no morían ya que ellos tenían en su poder
el amrita o elixir de la vida y, es por esto, que batallaban tratando
de vencerlos.
En el texto Vishny Purana, el líder de los daityas Hiranyakashipu, le habla a su hijo de la siguiente forma:
‘’ ¿Yo, a vuestro entender, soy
necio? He rendido culto durante 60.000 años, casi toda una vida, he
vivido más de 100.000 años. ¿Acaso pensáis que lo único que he hecho
durante toda mi vida ha sido transportar heno?’’
Al igual que sucede en la mayoría de leyendas en las que aparecen
gigantes, éstos no sólo tienen una larga vida, sino que están en guerra
con los dioses. En este caso, se cuenta que durante el Krita Yuga o
primera edad del universo, los daityas con su gran poder y dirigidos por
la serpiente gigante Vritra, se alzaron contra los dioses y consiguieron derrotarlos. Los gigantes no parecían ser del agrado de los dioses
Aunque su estancia en el poder fue breve y los dioses recuperaron
pronto su estatus de gobernantes sentenciando a sus enemigos al encierro en el Patala o infierno subterráneo al igual que obró Zeus al encerrar a los titanes en el Tártaro cuando les hubo derrotado.
Pero en esta mitología ambas razas comparten varias similitudes y es que se describe que todos estos seres eran extremadamente bellos, la mayoría de piel blanca y de cabellos claros si bien existía un grupo de Dánavas de tez realmente oscura conocidos como los Kalakaeyas. Guerras entre dioses y gigantes aparencen en varias leyendas
Según el Bhagavata Purana el tiempo que la madre de los dioses estuvo
en estado de gestación antes de su nacimiento fue de 100 años y no
sufrió los dolores normales del parto. Asimismo, en el Matsya Purana se
nos dice que el tiempo de gestación correspondiente a sus opuestos
daityas y dánavas fue de 1.000 años en el vientre de su madre.
También se hace referencia en los diferentes textos a la superior inteligencia de estos gigantes que los hacía conocedores de las artes mágicas que les permitían realizar portentos como cambiar su aspecto a voluntad. Algunos, incluso, tenían la capacidad de hacerse invisibles.
Y esta gran inteligencia hacía de ellos unos fantásticos artesanos
que crearían maravillosos objetos impensables para la humanidad de
aquellos días.
Uno de sus reyes, de nombre Mayasura, era conocido por su excepcional
habilidad como arquitecto siendo poseedor de una tecnología que le
permitía fundir las rocas y que le era de gran utilidad para la
realización de sus maravillosos trabajos arquitectónicos; entre ellos,
cabría destacar las tres ciudades flotantes llamadas Tripura. Hechas de hierro, plata y oro, se encontraban en la Tierra, en el cielo y en el paraíso. De nuevo, aparece un grupo de seres capaces de crear proezas tecnólogicas
Estas ciudades eran ricas y prósperas y en ellas habitaban diferentes
asuras pero la naturaleza maligna de éstos les costó cara pues acabaron
siendo destruidas por una de las manifestaciones de Shiva. La persistente guerra entre dioses y gigantes es común a las culturas en las que aparecen estas figuras,
en una constante lucha por el poder sobre el mundo en la que los
gigantes suelen representar aspectos negativos y siempre resultan
derrotados. ¿Nos narran los textos antiguos una guerra que tuvo lugar
antes de la existencia de la humanidad? Shiva el destructor aniquiló las ciudades flotantes de Mayasura
Concluimos citando un fragmento del Bhagavata Purana en el que se describe una de las batallas entre ambos bandos:
‘’El campo de batalla se había
cubierto literalmente de las cabezas cercenadas de los héroes. Sus ojos
permanecían abiertos, sus labios, mordidos en una ráfaga de rabia.
Alrededor pendientes y cascos se hallaban dispersos. Aquí y allá
rebanados brazos sujetando diversas armas, piernas y caderas que
parecían trompas de elefantes estaban esparcidas. Alrededor de piernas
cercenadas, caderas y cuellos de los guerreros y de sus estandartes
desgarrados, arcos rotos, armas rotas y ropajes estaban esparcidos’’.
Según la mitología hindú, el Makara era un monstruo marino que podía
adoptar varias formas pero, ¿sabías que podía actuar tanto en el agua
como en tierra?
El monstruo marino al que todavía hoy se le rinde veneración
Hay que acudir a la mitología hindú para encontrar referencias fiables del Makara. Allí, en algunos de sus textos, podemos encontrar a un ser que adopta diferentes formas, las cuales, varían en función de sus propias necesidades.
Tal es así, que hay testimonios de personas que lo han visto convertido en un ser con un aspecto híbrido entre un cocodrilo y un pez. No obstante, otros, lo han visto con un aspecto que mezclaba un elefante y un ciervo. ¿Cómo es esto posible?
La esencia del Makara
Todas estas descripciones, si atendemos al origen de este ser mitológico, son posibles y perfectamente plausibles. Y es que Makarano es otra cosa que “dragón de agua” en hindú aunque, los estudiosos aseguran que en realidad era un mamífero de la familia de los manatíes que tenía, en ocasiones, la necesidad de pisar tierra firme.
Era entonces cuando adaptaba su forma. En algunas ocasiones lucía
afilados apéndices como los elefantes como poseía potentes colas como
los catáceos.
Eso sí, de lo que no hay ninguna duda es de que independientemente del lugar en el que se encontrase, esta bestia no dudaba en defender su territorio si bien es cierto que no era de por sí una criatura agresiva.
Un rasgo que no es muy común entre las bestias de origen marino, las
cuales, tienden siempre a sesgar las vidas de los humanos.
La veneración actual a este ser
Un dato muy curioso es que cuando se
tiene constancia de la existencia del Makara, inmediatamente surgen las
comparaciones con otros seres de leyenda como el Kraken. Sin embargo, al ver que el primero no era necesariamente agresivo, no tardaron en considerarlo poco menos que una divinidad. Una divinidad que había venido a protegerlos precisamente de estas otras bestias.
No en vano, todavía a día de hoy son
muchos los adornos, en edificios, en broches, pulseras y colgantes, los
que representan la figura del Makara. Quién sabe si de ese modo, lejos
de protegerles contra bestias inmundas y monstruos marinos devastadores, lo que realmente se pretende es evitar que el mal nos aceche.
viernes, 20 de enero de 2017
Se trata de una criatura marina de la mitologia india que
fue la montura del dios de los mares, Varuna y también de Ganga, la
diosa del Ganges. La bestia es mitad pez y mitad cocodrilo o elefante.
Simboliza las aguas de la creación. A meudo se la puede ver en compañía
de criaturas solares y juntas representan la fertilidad. Makara
representa además la dualiad del bien y del mal.
En el hinduismo Yama (también llamado
“Yamaraja”) es el “señor de la muerte” y el encargado de juzgar las
almas. Cuando alguien fallece, en cuestión de 4 horas con 40 minutos
—por eso el cadáver no puede incinerarse antes de ese tiempo— se
presenta ante Yama y su escriba Chitragupta, quien lleva un registro de
todas las acciones de cada persona.
El
aspecto de Yama es el de un hombre con dos o cuatro brazos (las
representaciones varían), piel verde, ropas rojas, una maza en una mano y
en otra (del otro lado) un lazo con el que recoge a los muertos. A
veces se lo retrata montando un búfalo negro y la tradición afirma que
su aspecto varía según la naturaleza moral y espiritual del difunto.
Así, para el hombre bueno Yama se manifiesta con aspecto agradable y
sonriente, pero para el malvado Yama asume un rostro aterrador, rodeado
de largos cabellos y dotado de dos pequeños y siniestros ojos hundidos.
El mito religioso afirma que Yama tiene
el rol que tiene porque fue la primera persona en morir y encontrar el
sendero al otro mundo, tras lo cual comenzó a guiar a los demás en el
más allá, aunque después los dioses Brahma y Vishwakarma pensaron que
era conveniente darle a Yama un lugar para que juzgue a las almas, por
lo cual le construyeron su morada en el inframundo y le dieron dos
perros de cuatro ojos para que vigilen el camino que lleva hasta él.
Ya a nivel de la mitología budista, Yama
fue tomado del hinduismo y asimilado, adquiriendo diversos matices y
características propias.
En
principio se le concibió como un dharmapala (dios iracundo) que juzgaba
a los muertos y presidía los Narakas (infiernos/purgatorios) en el
ciclo de muerte y renacimiento. No obstante su papel es bastante vago en
los textos canónicos, ya que Yama pertenece más a la mitología y a las
creencias populares budistas que al budismo canónico de corte más
filosófico y racional, siendo esto lo que explica el porqué de las
incoherencias que pueden hallarse entre algunas creencias populares
sobre Yama y la doctrina filosófica del budismo.
En todo caso el canon Pali dice retrata a
Yama como un dios de juicio que cuestiona al alma pecadora y envía al
malvado a un infierno cuya duración es directamente proporcional al
karma negativo acumulado por las diversas faltas. Ejemplo de eso es
cuando se afirma que, todo aquel que haya tratado mal a sus padres, a
ancianos, a ascetas o a santos, irá donde Yama al morir y Yama le
preguntará si ha considerado el mal cometido a la luz de la retribución
subyacente al ciclo de nacimiento y muerte, a lo cual supuestamente el
sujeto malvado responderá que “no”, siendo después enviado a pagar el
karma en un terrible pero temporal infierno.
Por
su parte el erudito Buddhaghosa postula que la naturaleza moral de Yama
es tal que éste se encuentra en un estado mixto, oscilando entre
periodos de estadía celestial y periodos de estadía en el infierno.
Por último, en las creencias populares
del budismo Theravada de muchos países se cree que Yama es quien envía
muerte, enfermedad, vejez y otros suplicios, tanto a manera de
advertencia como de castigo por el karma acumulado. También y aunque
menos difundida, existe la creencia de que no hay uno sino dos o cuatro
Yamas, presidiendo cada uno un infierno distinto.
Pasando ahora a la mitología china,
tenemos que Yama (llamado “Yan”) es el dios de la muerte, el juez de los
muertos y el gobernador del Diyu, el infierno temporal chino donde se
paga el karma.
Yan (Yama) suele retratarse como un
hombre grande, de rostro bravo y rojo, de ojos saltones, barba larga,
ropas tradicionales y una corona o gorro de juez. A veces se lo pinta
junto a secuaces, entre los cuales suele incluirse a un juez que tiene
en las manos un cincel y un libro donde está numerada cada alma junto a
su fecha de muerte.
Como juez, Yan envía al alma a un lugar
temporal de tormento o disfrute, en el cual el alma estará hasta su
próxima encarnación. Diversas son sin embargo las teorías sobre Yan.
Unas versiones dicen que el Diyu tiene muchas cortes, y que en cada una
gobierna un Yan, otras dicen que no hay un Yan o varios Yan
determinados, sino que Yan es un rango en la jerarquía celestial, un
estado-función que un alma humana virtuosa ha alcanzado como premio a
sus obras, siendo así algo temporal pues tras el gobierno de un Yan
vendrá el de otro Yan.
Procedentes de una antigua raza hindú de bestias mitológicas, los
rakshasas son criaturas demoníacas que habitan bajo la forma de un
felino humanoide. Extendiendo la maldad
Con la cabeza de un depredador, generalmente un tigre, y el cuerpo de
un musculoso humano, los rakshasas son toda una manifestación del mal y
la crueldad más salvaje, y caminan siempre en busca del caos.
Su propio nombre, rakshasa, proviene de la palabra “rakshas” que
significa “guardián” aunque, quizás, la expresión “algo de lo que
guardarse” sea más acertada, dada su ansia de destrucción de comunidades
humanas.
Conocidos por ser caníbales devoradores de hombres, han ganado su
fama destruyendo templos, profanando tumbas y atormentando tanto a vivos
como a muertos. Y es que los pishacas, un tipo de rakshasa menor propio
de los cementerios, impiden el descanso de los difuntos, arrancando su
carne podrida y extendiendo enfermedades que afectan también a los
vivos. Los
pishacas tienen la forma de un goblin diabólico y apestan a
putrefacción. Su actividad es mayoritariamente nocturna ya que la luz
del día los debilita y aturde. Se asocian con los grahas, demonios de la
enfermedad, también presentes en cementerios, para sus malvados planes y
sólo responden ante los rakshasas más poderosos, a los que consideran
sus superiores. El rakshasa hindú
Según los textos del Ramayana, los rakshasa tenían forma humana y
surgieron de los pies del dios Brahma. Este dios eligió a algunos
rakshasa para convertirlos en sus guerreros de élite. Seleccionó a los
más crueles y a los que se habían reencarnado varias veces siendo
malvados, y les proporcionó dotes especiales.
Entre los más poderosos destacaba Ravana, el líder de los rakshasas,
que poseía 10 cabezas y 20 brazos. Este formidable guerrero era
prácticamente indestructible, ya que cuando se le cortaba un brazo
volvía a brotar uno nuevo. Las enormes cicatrices de su cuerpo daban fe
de las batallas libradas contra los dioses y los humanos.
Los rakshasas dominaron los bosques, territorio en el que se
encontraban cómodos, dada su habilidad para trepar, saltar y camuflarse.
Según la leyenda, controlaban la zona geográfica perteneciente a la
actual Sri Lanka, y lo hicieron masacrando aldeas y retando a la
autoridad de los dioses. La ofensa fue tal, que Vishnú, el jefe de la
tríada suprema de dioses hindúes, se encarnó en el rey Rama y asesinó a
Ravana. Tras su muerte se restauró la paz en la zona.
Las leyendas indias son numerosas, tanto como las luchas de los
dioses con los rakshasas. Son luchas eternas en las que unas veces los
dioses salen victoriosos y otras veces son los rakshasas los que
se imponen. Un ejemplo es el caso de la leyenda de Durga, un terrible
rakshasa con cuerpo humano y cabeza de toro de quien se dice que
consiguió derrotar a todos los dioses, desterrándolos al exilio. La parte animal
La forma más común del rakshasa es la de felino. Un cuerpo humanoide
cubierto de una fina capa de pelaje con el color y los moteados típicos
de su raza (tigre, leopardo, pantera, etc). Otras de las formas que
suele adoptar, aunque más raramente, son de la de toro y la de mono.
Sus garras suelen tener la forma inversa a la de los humanos, es
decir, tienen las palmas en la parte superior y no la inferior. Brotan
de ellas unas afiladas uñas negras con veneno. Lo mismo ocurre con sus
colmillos, que también son venenosos, por lo que es muy común que
ataquen con mordiscos o con zarpazos. Pensé que eras mi amigo
No es habitual que un rakshasa luche cuerpo a cuerpo ya que tiene
otras muchas formas de acabar con un enemigo, por ejemplo, la capacidad
de transformarse en cualquier figura humana. Así, puede convertirse en
una figura conocida por el contrincante, como un familiar o un amigo.
Además, puede interceptar los pensamientos y leer la mente, con lo que
el engaño es total.
Son muy hábiles con la magia, sin embargo, los conjuros no les
afectan. Es inútil intentar dar caza a un rakshasa con artes arcanas.
Solamente su naturaleza demoníaca es vulnerable al agua bendita, por lo
que usada en un proyectil, a modo de dardo venenoso, puede acabar con
ellos instantáneamente. La sociedad rakshasa
Son seres solitarios pero muy organizados y leales entre ellos. La
mujer rakshasa, conocida como rakshasi, es un miembro igual de
importante en la sociedad que su contrapartida masculina.
Se dice de los rakshasas que todo el mal y el rencor que guardan
dentro se han acumulado durante varias vidas, ya que siempre se
reencarnan en otro rakshasa que conserva los recuerdos de vidas pasadas.
Es por esto que los rakshasas son, en cierto modo, inmortales. No
importa que sea destruido, volverá a la vida como otro rakshasa con más
odio.
Los preta son seres pertenecientes a las mitologías hindú, budista y jainista. Su
nombre proviene del sánscrito "pra ita" ("aquel que se ha ido"), que
aunque en un principio se aplicaba a los espíritus de los difuntos en
general con el tiempo pasó a denominar a un tipo en concreto. Según
la creencia los preta son espíritus o fantasmas de personas que en vida
han sido avaras, codiciosas y glotonas, y como resultado vagan como
fantasmas que sufren un hambre y una sed insaciables,a menudo por una
sustancia repugnante, como carne o heces humanas. El
agua y la comida son inalcanzables para ellos y arden en llamas, se
pudren o desaparecen cuando las tocan. También sufren un calor abrasador
en invierno, aún a la luz de la luna, y un frio atroz en verano. Para el budismo el preta es uno de los seis estados posibles de reencarnación. Normalmente
estos seres no son demasiado peligrosos, excepto cuando están sedientos
de sangre. En general se les considera espíritus desdichados y dignos
de compasión, a los que es necesario aplacar; así, por ejemplo, los
mojes budistas suelen hacerles ofrendas.
En
cuanto a su aspecto, normalmente no son visibles para el ojo humano,
pero se les describe como a hombres de piel apergaminada, vientre
prominente y cuellos casi inexistentes.
En
la tradición budista japonesa son llamados "gaki" ((餓鬼 , "Fantasma
hambriento") y a ellos está dedicado el "segaki", a mediados de Agosto,
día durante el cual se les hacen ofrendas para liberarlos así de su
eterno tormento.
Ganesha, conocido en el sur de India como Ganapati, se encuentra en los umbrales de nuestra vida, en los portales hacia nuevos espacios, en los inicios de todas las relaciones. Es por ello el comienzo del yoga, porque yoga es conectar. Crear relaciones.
Cuerpo humano y cabeza de elefante, en él se aúnan lo salvaje y lo primitivo con la dulzura y la soberanía.
Presentado comúnmente como aquel que elimina los obstáculos, es en realidad también aquel que los genera. Es el guardián de la puerta, un obstáculo del tamaño de un elefante, el que nos detiene un instante invitando a crear nuevos límites, a transformaciones profundas. Y una invitación a aceptarte a ti mismo tal y como eres, sin rechazar nada, recogiendo cada uno de tus rasgos y facetas como herramientas de poder, y convertirlas en un regalo para ti, y para los demás.
Su figura teriomórfica, medio humana, medio animal, es prácticamente ubicua en toda India, y es una de las más conocidas deidades míticas también aquí en occidente.
La mitología hindú que cuenta con una vasta cantidad de diferentes seres mitológicos, también presenta sus propios gigantes mitológicos: los daityas.
Gigantes con apariencia humana de gran fuerza y poder que no se diferenciaban demasiado de los que hemos venido viendo en el resto de diferentes mitologías. Su tamaño era tal, que se dice que los daityas femeninos portaban joyas del tamaño de rocas. Eran los descendientes de la diosa Dity y del sabio Kashiapa que, a su vez, también fue el padre de la humanidad y de la raza naga.
Los daityas pertenecían a la estirpe de los asura, unos seres mitológicos de carácter divino propios de esta mitología, que se encontraban en constante conflicto con los dioses por lograr obtener el poder. Ambos, asuras y dioses, eran opuestos, y, haciendo un paralelismo, podrían ser el equivalente a los demonios en el imaginario occidental.
Los gigantes daityas eran parte de los demonios asuras
Eran unos seres que podrían haberse convertido en dioses o devas pero que, por sus malas acciones y decisiones, no lo hicieron. En este caso se les conoce por el nombre de Dánavas. Así pues, los daityas se encuentran dentro de este grupo de seres de inclinaciones no benévolas y, pese a su gran poder, se les sitúa en los puestos inferiores de la escala jerárquica hinduista.
En unos de los textos sagrados de esta religión, llamados Upanishads, se narra como los devas y los asuras acudieron a Prajäpati, un consejo de deidades superiores que determinaban sobre la vida, en busca de la comprensión del ser. Obtuvieron del consejo una respuesta simplista, lo que determinó una profunda diferencia entre estos dos grupos divinos; los asuras se conformaron con la simple explicación pero los dioses no la aceptaron ya que no reflejaba el significado completo de la existencia por lo que continuaron esforzándose para alcanzar su total comprensión.
Devas y Asuras representan la dualidad entre el bien y el mal en constante oposición
Aunque extremadamente longevos, los gigantes ansiaban la inmortalidad. Y envidiaban a los dioses que no morían ya que ellos tenían en su poder el amrita o elixir de la vida y, es por esto, que batallaban tratando de vencerlos.
En el texto Vishny Purana, el líder de los daityas Hiranyakashipu, le habla a su hijo de la siguiente forma:
‘’ ¿Yo, a vuestro entender, soy necio? He rendido culto durante 60.000 años, casi toda una vida, he vivido más de 100.000 años. ¿Acaso pensáis que lo único que he hecho durante toda mi vida ha sido transportar heno?’’
Al igual que sucede en la mayoría de leyendas en las que aparecen gigantes, éstos no sólo tienen una larga vida, sino que están en guerra con los dioses. En este caso, se cuenta que durante el Krita Yuga o primera edad del universo, los daityas con su gran poder y dirigidos por la serpiente gigante Vritra, se alzaron contra los dioses y consiguieron derrotarlos.
Los gigantes no parecían ser del agrado de los dioses
Aunque su estancia en el poder fue breve y los dioses recuperaron pronto su estatus de gobernantes sentenciando a sus enemigos al encierro en el Patala o infierno subterráneo al igual que obró Zeus al encerrar a los titanes en el Tártaro cuando les hubo derrotado.
Pero en esta mitología ambas razas comparten varias similitudes y es que se describe que todos estos seres eran extremadamente bellos, la mayoría de piel blanca y de cabellos claros si bien existía un grupo de Dánavas de tez realmente oscura conocidos como los Kalakaeyas.
Guerras entre dioses y gigantes aparencen en varias leyendas
Según el Bhagavata Purana el tiempo que la madre de los dioses estuvo en estado de gestación antes de su nacimiento fue de 100 años y no sufrió los dolores normales del parto. Asimismo, en el Matsya Purana se nos dice que el tiempo de gestación correspondiente a sus opuestos daityas y dánavas fue de 1.000 años en el vientre de su madre.
También se hace referencia en los diferentes textos a la superior inteligencia de estos gigantes que los hacía conocedores de las artes mágicas que les permitían realizar portentos como cambiar su aspecto a voluntad. Algunos, incluso, tenían la capacidad de hacerse invisibles.
Y esta gran inteligencia hacía de ellos unos fantásticos artesanos que crearían maravillosos objetos impensables para la humanidad de aquellos días.
Uno de sus reyes, de nombre Mayasura, era conocido por su excepcional habilidad como arquitecto siendo poseedor de una tecnología que le permitía fundir las rocas y que le era de gran utilidad para la realización de sus maravillosos trabajos arquitectónicos; entre ellos, cabría destacar las tres ciudades flotantes llamadas Tripura. Hechas de hierro, plata y oro, se encontraban en la Tierra, en el cielo y en el paraíso.
De nuevo, aparece un grupo de seres capaces de crear proezas tecnólogicas
Estas ciudades eran ricas y prósperas y en ellas habitaban diferentes asuras pero la naturaleza maligna de éstos les costó cara pues acabaron siendo destruidas por una de las manifestaciones de Shiva.
La persistente guerra entre dioses y gigantes es común a las culturas en las que aparecen estas figuras, en una constante lucha por el poder sobre el mundo en la que los gigantes suelen representar aspectos negativos y siempre resultan derrotados. ¿Nos narran los textos antiguos una guerra que tuvo lugar antes de la existencia de la humanidad?
Shiva el destructor aniquiló las ciudades flotantes de Mayasura
Concluimos citando un fragmento del Bhagavata Purana en el que se describe una de las batallas entre ambos bandos:
‘’El campo de batalla se había cubierto literalmente de las cabezas cercenadas de los héroes. Sus ojos permanecían abiertos, sus labios, mordidos en una ráfaga de rabia. Alrededor pendientes y cascos se hallaban dispersos. Aquí y allá rebanados brazos sujetando diversas armas, piernas y caderas que parecían trompas de elefantes estaban esparcidas. Alrededor de piernas cercenadas, caderas y cuellos de los guerreros y de sus estandartes desgarrados, arcos rotos, armas rotas y ropajes estaban esparcidos’’.
viernes, 24 de julio de 2015
Según la mitología védica hinduista y budista, las Apsaras eran “ninfas celestiales” de poderes sobrenaturales y conocidas por su belleza, elegancia y dotadas de un don especial para el arte del baile.
Actuaban con sus danzas junto a sus maridos (los gandharva) en la corte de Indra (dios védico hindú) para todos los dioses y héroes caídos. Se cuenta que había un total de 26 bailarinas Apsaras en esa corte que representaban cada una de ellas un aspecto relativo a las artes. Por ello no es de extrañar el gran paralelismo entre estas bailarinas y la mitología griega a través de las “sus musas”…
Las apsaras aparecen ampliamente nombradas en textos védicos como el Mahabharata, el Rig Veda o el Natya Shastra.
En las cortes del Imperio Kmer o Jemér (S.IX al XIV) abundaban estas danzarinas, que amenizaban con sus bailes los templos Camboyanos. Tal llegó a ser su importancia, que los mundialmente conocidos templos como el de Angkor Wat, cuentan con inmumerables bajo relieves donde se ven representadas.
La expansión de los Kmeres a tierras vecinas tales como Tailandia, Laos, Vietnam, parte de Birmania y Malasia, permiten el conocimeinto de estos bailes por los diversos territorios y no es de extrañar por ello que muchas danzas de estas zonas contengan infinidad de similitudes. Por ejemplo, se conoce que durante el apogeo del reino de Siam, con capital en Ayyuthaya (hoy Tailandia), la mayor parte de las apsaras de Angkor se trasladaron allí para proseguir con sus danzas rituales en los templos y corte.
¿Cómo son las danzas apsaras?
La danza clásica Kmer o las danzas apsaras se caracterizan por usar el baile para contar una historia, un cuento, son por ello a veces movimientos similares a los que haría un mimo.
Cada posición de las manos simboliza una cosa diferente: una flor, un pájaro, una hoja… todo ello acompañado de un sutil y acompasado movimiento de pies. Cada figura expresa un significado diferente, una historia diferente y la bailarina tiene movimientos distintos dependiendo del papel que le haya tocado interpretar.
Las mujeres suelen interpretar papeles de sirenas, musas, kinnaras y diferentes animales, mientras que a los hombres se les reservan papeles como el de mono, ya que requieren movimientos acrobáticos.
En cuanto a las vestimenta: rica, muy elaborada y altamente ornamentada. Antiguamente se ultizaban para su elaboración multitud de priedras preciosas y seda de primera calidad. Hoy en día el precio de un traje tradicional supera los 1500 euros… y sin gemas incluidas!!!
Decía el poeta que la vida es sueño. En la tradición clásica de India se habla de la Ilusión, del encantamiento de Maya. Se trata de la vida misma, de ese fuego atemporal en perpetuo movimiento. El mundo que conocemos y nosotros, en constante crecimiento y disolución.
En el ámbito de lo mítico, esta fuerza enigmática adquiere el nombre de la Diosa. Esa creatividad expansiva de la Naturaleza, aparece muchas veces representada en la figura de Lakshmi, Shri, la luz inherente a la vida.
Maya Diosa de la Ilusión
India hindúes y budistas adoraban a Maya como el "universo material" como la "Madre de la Creación", "Tejedor de la red de la vida" y como ilusión. Ella es la parte virgen o virgen de Kali tres partes (los tres aspectos: son la virgen, la madre y la edad). Maya también es adorado en Nepal, Tibet, Asia y el Himalaya. Sus características son: la inteligencia, la creatividad, el agua y la magia. Representó a levantar los velos de la forma terrenal para revelar la verdadera naturaleza del universo.
Según los Vedas, Shakti se convierte en Maya o ilusión que arroja un velo sobre Brahman, la realidad última. Shakti y Brahman son entidades inseparables que residen en un solo organismo, reafirmando la afirmación de que Shakti y Shiva coexisten.
La Reina Maya de Shakya era la madre de Buda, Siddhartha Gautama, la hermana de Mahaprajapati Gotami (Gautami), la primera mujer en ser ordenado por el Buda. "Maya" significa "ilusión" o "encanto" en sánscrito y pali. Maya también se llama Mahamaya (la Gran Maya) o Mayadevi (Queen, literalmente, "Diosa", Maya). En tibetano se llama Gyutrulma. La reina Mayadevi nació en Devadaha reinado del antiguo Nepal.
La Reina y el Rey Maya Suddhodhana tuvieron hijos durante veinte años de su matrimonio. Un día, según la leyenda, la reina Maya tuvo un sueño de un Bodhisattva como un elefante blanco tocar su cuerpo, y ella quedó embarazada. También de acuerdo con la tradición budista, que se convertiría en el Buda vivió como un Bodhisattva en el cielo Tusita, y decidió tomar la forma de un elefante blanco que nacer de nuevo, por última vez en la tierra. La Reina Maya dio Siddhartha ilumina sobre 563 aC Su embarazo duró 10 meses lunares. Siguiendo la costumbre, la reina volvió a su propia casa para el nacimiento. En el camino, ella bajó de su palanquín para un paseo por el hermoso jardín de flores del Parque Lumbini en Nepal. Ella estaba encantada con el parque y buscó un lugar para descansar. También de acuerdo con la leyenda, esta vez el príncipe Siddhartha salió de su lado derecho, y nació. Fue el octavo día del mes de abril. Ella le dio su primer baño en el lago puskarini en Lumbini. Siddharta significa "el que cumple sus promesas" o "uno realiza plenamente."
La Reina Maya murió siete días después del nacimiento de lo que resultaría ser el Buda, y fue al cielo Tusita. Su hermana Prajapati se convirtió en la madre adoptiva de Buda. Después de que el príncipe Sidhartha haber alcanzado la iluminación y se han convertido en Buda, visitó a su madre en el cielo por tres meses a cambio de deudas de gratitud y que le enseñara el Dharma.
En la Brhatkatha se cuenta cómo una vez Shiva estaba sentado junto a su consorte, Parvati, la Hija de la Montaña. En un arrebato de amor le dijo a la Diosa, ‘Qué puedo hacer para complacerte?’. Y la Diosa le pidió un cuento. Tras el relato, estaba un poco arisca. No le había gustado nada.
Para que se pusiera de nuevo contenta, Shiva le prometió otra historia. La Diosa ordenó que Nandi, el toro blanco de Shiva, vigilara las puertas y no permitiera que nadie entrara. Y entonces Shiva, el Auspicioso, sabiendo que tenían toda la eternidad por delante, comenzó a contarle Los Siete Relatos de los Espíritus Etéreos, desplegando los más bellos cuentos, llenos a su vez de infinitas historias.
El azar hizo que Dientes de Loto, un ser curioso y juguetón, se acercara a las puertas: tenía que encontrarse con Shiva, y no podía esperar. Pese a la prohibición y a la imponente presencia del toro blanco, Dientes de Loto no pudo resistir la curiosidad y la impaciencia. Se hizo invisible, y logró colarse entre las patas de Nandi, y se deleitó escuchando secretamente los relatos, tumbado en la hierba.
Cuando regresó a su casa, contó los cuentos a su esposa. Y ella a su vez, comenzó a contarlos cuando fue a bañarse con las demás mujeres en el río. Al escucharle, la Diosa se dio cuenta de que ella y Shiva habían sido espiados. Enfadada, hizo que Dientes de Loto naciera en la Tierra, donde vagabundeó contando estos cuentos que llegan hoy hasta nosotros…
martes, 10 de febrero de 2015
Lakshmi es la diosa de la riqueza y la prosperidad, tanto material como espiritual. La palabra”” Lakshmi se deriva de la palabra sánscrita Laksme, que significa “meta”. Lakshmi, por lo tanto, representa la meta de la vida, que incluye la prosperidad material y espiritual.
En la mitología hindú, la diosa Lakshmi, también llamada Shri, es el esposo divino de Señor Vishnu y le proporciona riqueza para el mantenimiento y la preservación.
RASGOS:
En sus imágenes y fotografías, Lakshmi se representa en una forma femenina con cuatro brazos y cuatro manos. Lleva ropa de color rojo con forro dorado y está de pie sobre un loto. Ella tiene monedas de oro y flores de loto en sus manos.
Es descrita como una bella mujer india de grandes ojos oscuros, piel dorada y cuatro brazos. Vestida con Sari rojo bordado en oro. El rojo simboliza la Actividad y el oro indica Prosperidad. Aparece sentada o de pie en su trono de loto rosa, que representa la belleza, la pureza y la fertilidad. Lleva dos flores de loto bendiciendo a sus devotos, representando la evolución espiritual y la armonía en la vida. Sus brazos delanteros suelen ofrecer una bendición de protección. Su capacidad de mejorar nuestra suerte en la vida está simbolizada por las cascadas de monedas de oro que brotan de sus manos.
Los cuatro brazos: representan las cuatro direcciones del espacio y así simbolizar omnipresencia y la omnipotencia de la Diosa. El color rojo syinbolizes actividad.
El revestimiento de oro (bordado): en su vestido rojo denota prosperidad. La idea expresada aquí es que la diosa está siempre ocupado distribución de la riqueza y la prosperidad a los devotos.
El asiento del loto: que está de pie sobre Lakshmi, significa que mientras vivimos en este mundo, uno debe disfrutar de sus riquezas, pero no obsesionarse con ella. Tal vida es análoga a un loto que crece en el agua, pero no está mojada por el agua.
Las cuatro manos representan los cuatro extremos de la vida humana: dharma (rectitud), Kama (deseos genuinos), artha (riqueza) y moksha (la liberación del nacimiento y muerte). Las manos delanteras representan la actividad en el mundo físico y las manos atrás indicar las actividades espirituales que llevan a la perfección espiritual. Desde el lado derecho del cuerpo simboliza la actividad, una flor de loto en la mano derecha trasera transmite la idea de que uno debe realizar todas las funciones en el mundo de acuerdo con el dharma. Esto lleva a moksha (liberación), que está simbolizado por un loto en la mano trasera izquierda de Lakshmi.
Las monedas de oro que caen: sobre la tierra de la parte frontal izquierda de Lakshmi ilustrar que ella proporciona riqueza y prosperidad a sus devotos. Su mano derecha se muestra frente otorgar bendiciones a los devotos.
NACIMIENTO:
En un principio la diosa Laksmi se llamaba Shri y era una manifestación de Devi-sakti, el principio sexual que, gracias a sus esfuerzos, generó el universo. Laksmi es la representación de la fémina universal que permaneció sobre una flor de loto durante la creación. Se unió a los dioses después de que el océano primordial se agitara para conseguir el elixir que apartaría el mal del mundo. Se elevó en medio de la espuma, los ríos cambiaron de curso para fluir hacia ella y los elefantes celestriales recogieron las olas para asearla.
Al surgir hermosísima de las aguas oceánicas se la compara con Afrodita. Hoy en día se la adora más como Mata-Laksmi, que cuida y protege, a la vez que atiende los llamados de sus devotos.Tres mil años después sigue siendo el símbolo de la suerte, es la deidad femenina más adorada y amada. De acuerdo a la filosofía hindú, para que un decreto, petición o manifestación funcione requiere de 3 elementos:
Un Mantra: Que es el decreto mismo: Mucha Prosperidad viene en camino.
Un Mudra: Un gesto, actitud o recordatorio. En este caso es la imagen de Lakshmi
Un Sutra: El más importante de los tres. Tu intención en que las cosas sucedan.
Se cree que quien presta atención a la Diosa de la Buena Fortuna diariamente desarrolla un canal de comunicación con ella. También puede ser visto, simplemente que centrando su atención en su energía se está eligiendo como crear en su vida.
"Ya en el segundo período, Treta Yuga, Vishnú apareció bajo la figura de un enano y tomó el nombre de Vâmanâvatâra (vâmana = enano), recuperando un episodio antiquísimo, de la época védica, en el que manifestaba su poder recorriendo el mundo con tres pasos.
En esta ocasión le correspondió luchar contra el asura Mahâbali, nieto de Prahlâda que, sacando el orgullo y la prepotencia de su bisabuelo Hirayakashipu, celebraba sacrificios a orillas del río Narmada y mediante una austeridad ascética había conseguido innumerables poderes con los que se dedicaba a perjudicar a los dioses buenos y con el que llegó a destronar al propio Indra.
De esta manera su dominio abarcó los tres mundos y Vishnú tomando el aspecto de un enano se presentó ante él y le suplicó:
- Suspende ya la lucha, ¡oh, Mahâbali! Mucho es lo que has ganado y no les queda nada a los dioses, así pues concédeles el terreno que yo pueda abarcar con tres pasos.
Mahâbali observó las diminutas piernas de su interlocutor y aceptó divertido sus peticiones. Entonces Vishnú recobró su forma divina y con un paso recorrió la Tierra y con otro el Aire. En aquel momento el genio reconoció la divinidad de Vishnú; no obstante, éste no dio por finalizada su conquista hasta que un tercer paso recorrió el Cielo.
Vishnú, generoso en su magnífica divinidad, lejos de dejar a Mahâbali sin nada, le envió a gobernar un paraíso en los Pâtâlas, el mundo subterráneo, donde el genio construyó su morada.
Este relato es muy antiguo, precediendo a otros himnos de los Vedas. Luego lo encontramos detallado en el Bhagavata Purâna y menciones aisladas en el Skanda Purâna y el Vishnu Purâna. Con esta historia el Vishnú del hinduismo conecta con el personaje védico que le dio origen. Aquel primitivo Vishnú estaba íntimamente asociado al culto solar, el culto del fuego y su simbolismo conduce a que esos tres pasos representen las tres formas ígneas del dios: la llama de la Tierra, el relámpago en el Aire y el sol en el Cielo. El Rig Veda dice:
'3. Por tres veces este dios recorrió esta tierra de cien resplandores en virtud de su grandeza. / Que Vishnú presida, más fuerte que el fuerte, pues el nombre de este dios potente es temible. 4. Este Vishnú, ha recorrido esta tierra ayudando al hombre para su posesión. / Sus cantores son gentes de sentimientos inalterables; el dios que bien engendra les ha hecho una ancha residencia.' [RV VII, 100, 3-4]'
Tomado de: Susana Ávila. (1999). Mitología de la India. Mítica y mística. Madrid: Miraguano.