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jueves, 14 de enero de 2016

Lantarón


 
Lantarón es el rey del mar que baña las costas cántabras...
Tiene una forma parecida a la humana y algunos hombres que lo han visto... lo comparan con Neptuno. Sus pies son enormes, con dedos unidos por una membrana...
Tiene el cuerpo robusto y musculoso, la piel broncínea, verdinegra como algas y muy brillante... y unas manos fornidas y nudosas...
 
La cabeza es ovalada, con dos enormes ojos verdes saltones... Los hombres lo huyen... debido al miedo que provoca en ellos.
Lantarón suele acercarse a tierra en la bajamar y apostarse en un saliente de las rocas, donde permanece inmóvil y erguido como una estatua... contemplando el vaivén de las olas... Sólo se alimenta de pulpos, a los que arranca del fondo del mar con sus nervudas manos...
Los golpea contra las rocas y se los come lenta y pensativamente mientras pasea los ojos por la extensión de su reino.... 
 
 
Lleva como báculo una recia vara de saúco, árbol sagrado de cuyas bolitas negras mezcladas con leche de sirena hace una pócima que por la noche le hace fluorescente y le confiere poderes sobrenaturales

miércoles, 4 de noviembre de 2015

El sol de los Muertos

Se llama así al Sol último de la tarde que envían los difuntos... Muy reverenciado antaño, se
- le rezaba una oración al oscurecer... cara al poniente... honrándole con una fiesta anual... Benditos sean los muertos buenos y las almas arrepentidas; benditos sean nuestros difuntos, nuestras obligaciones y las almas del purgatorio que esperan la gracia de Dios. Que el sol de los muertos aplaque todos sus tormentos y sus dolores. Amen.
Ya no se dice esta jaculatoria. En la miés y en el prado, un poco antes del anochecer, cuando salía el sol de los muertos, rezaba la gente esta oración, mirando hacia la parte de Asturias, que es por donde el Sol dicen que va a la otra banda del mundo.
Ese sol de los muertos, le hace dios para que nos acordemos de la hora de la muerte, en que se acaba el mundo. El sol nace por la mañana, lo mismo que la vida y todas las cosas de la tierra. Nacemos para morir, como el mismo sol, y por eso el sol de los muertos sirve para decirnos todos los días que sea lo que sea de nosotros, el día menos pensado.............
Decían los viejos, que ese sol le mandaban los difuntos, con permiso de Dios, a las personas que rezaban por ellos al acostarse y al levantarse. Fuera lo fuera el sol de los muertos era reverenciado por la gente; pero ahora las cosas han cambiado mucho.
Antes las mozas que iban a las fiestas, guardaban un poco de hierbabuena, que ponían en el vestido el día en que se casaban y en el gorro del primer mozo que tenían.
En otras partes de Cantabria se llama así al sol que surge entre la llovizna... afirmando que tal agua no moja... y que es entonces cuando resucitan los muertos... y llueven ranas y sapos del bardal.

jueves, 4 de junio de 2015

Los Caballucos del Diablo


Los "caballucos" del diablo son siete y parecen libélulas gigantescas... pues tienen alas larguísimas y transparentes parecidas a las de dicho insecto... con las que vuelan velozmente por el cielo nocturno... Van todos juntos y los cabalgan siete demonios... Sus ojos relumbran como chispas... resoplan por la nariz con la fuerza del huracán... arrojan inmensas llamaradas por la boca dejando en el aire una irrespirable estela de azufre... llevan en las patas unos fuertes espolones y... cuando huellan el suelo con los cascos... dejan en el suelo unas marcas indelebles... aunque sea en la roca... como las que todavía pueden verse en muchos parajes de la Montaña.
Cada uno es de un color del arco iris... y el rojo... que va en el medio... es el más corpulento... y el jefe. En realidad, son las almas de siete hombre malvados... nos hallamos ante el mal supremo... el del infierno... Estos jinetes son emisarios que el diablo arroja sobre las tierras cántabras la noche de fuego para sembrar el terror con sus tropelías en el mejor momento del año...
El caballo rojo era un hombre que prestaba dinero a los labradores y luego embargaba sus propiedades con sucias tretas; el blanco era un molinero que robaba muchos sacos del molino de su señor; el negro era un viejo ermitaño que engañaba a la gente; el amarillo era un juez corrupto; el azul, un tabernero; el verde, un señor de muchas tierras que deshonró y se aprovechó de muchas jóvenes y el naranja era un hijo que por odio pegaba a sus padres. .
Ni siquiera las Anjanas tienen poder ante sus galopadas y la única manera de estar a salvo de los "caballucos" del diablo es hacer siete cruces en el aire antes de que se acerquen... pero... como son tan veloces... en ocasiones, no da tiempo... por lo que la gente recurre a otro procedimiento que también los ahuyenta... y que consiste en llevar encima una ramita de verbena... la hierba sagrada que ahuyenta todo mal y que hay que haber cogido del campo la madrugada de la noche de San Juan del año anterior.
Su maldad llega tan lejos... que incluso se llegan a comer todas las flores de agua que ven y todos los tréboles de cuatro hojas... saliendo de sus recónditas cuevas sólo una vez al año... la noche de San Juan... y recorriendo incansables todos los bosques... ¿Qué por qué hacen esto?... Como es bien sabido... al día siguiente de la hoguera de San Juan... los mozos y mozas van a los bosques a buscar en las fuentes la flor del agua, que da el amor y la felicidad, y el trébol de cuatro hojas, qué sólo si se arranca en tal ocasión da a quien lo encuentra las cuatro gracias de la vida... una por cada una de sus hojitas: vivir cien años... no sufrir dolores en toda la vida... no pasar hambre... y pasar con ánimo sereno todo tipo de contrariedades... Puesto que los "caballucos" se lo comen... cuando los jóvenes salen a buscarlo... no encuentran ninguno...
Cuando al cabo de una noche de ininterrumpidas tropelías corriendo y volando por campos... caminos y aldeas, el amanecer les encuentra agotados y sudoroso, los "caballucos" del diablo desaparecen hasta el año siguiente a través de cuevas llenas de cuajarones de sangre... Al retirarse piafando y resollando dejan caer de sus fauces una babilla, que al enfriarse en el suelo, se convierte en barritas de oro... En Cantabria, todo el mundo sabe que quien recoge estas varitas va irremisiblemente al infierno... pero hay muchos ambiciosos incrédulos... que no hacen caso a tal admonición y antes de que amanezca ya andan con farolas buscándolas entre la hierba... Cuando vuelven de su afanosa búsqueda... se esconden entre los árboles para no ser vistos por los grupos de mozas y mozos que salen al campo saltando y cantando:
"A quien coja la verbena la mañana de San Juan no le dañarán culebras ni "caballucos" del mal."

sábado, 21 de marzo de 2015

Sirena de los Ojos Turquesa

De las sirenas se dice que son perversas y malas, pero en el caso de las sirenas de Cantabria esto no es cierto. Nuestras sirenas son seres adorables.
 Es cierto que se enfadan cuando algún marinero canta o silba, pues creen que es una burda mofa de sus delicados cantos, y en estos casos se juntan muchas de ellas y nadan formando remolinos alrededor del barco para asustar al marinero cantarín, pero eso es todo.
No son mujeres-pez, sino mitad mujer mitad pez, como los tritones y la diferencia es que ellas siempre han vivido en el mar, aunque alguna vez las sirenas pueden transformarse en mujeres pero sólo por un tiempo.
El marinero que captura una sirena, lo cual es muy difícil, recibe un premio de Lantarón: el derecho a casarse con ella. Para ello el pescador debe besar en seguida a la sirena, cuya cola se transforma en dos hermosas piernas.



Además la sirena le entrega su espejo de nácar, que él debe esconder para que ella no lo encuentre, pues si así fuera, el hechizo se rompería y ella regresaría al mar. Esto explica por qué las ex-sirenas no aman a sus maridos ante la esperanza de volver algún día a su querido mar...La sirenuca de los ojos turquesa fue una bellísima sirena que fue capturada por un pescador... besada y, por tanto, transformada en mujer y esposa de aquel hombre...
 
Se convirtió, por tanto, en una guapísima moza de Castro Urdiales que acostumbraba a mariscar en los cantiles más peligrosos para cantar al compás de las olas... Un buen día... nuestra sirena al arrancar un erizo rojo como la herrumbre descubrió una bolsita entre las rocas que contenía su querido espejo de nácar y al verse reflejada en él... se transformó de nuevo en la sirena que había sido...
Dicen, que el pescador desesperado, se arrojó desde lo alto de un acantilado y se estrelló contra las rocas maldiciendo a Lantarón y a las sirenas...


viernes, 6 de marzo de 2015

Lantarón

Es el Neptuno cántabro, el rey del mar que baña las costas de Cantabria. Los hallazgos arqueológicos realizados en la villa de Castro Urdiales han arrojado una pequeña figurilla en bronce de época romana, representando a una divinidad marina que ha querido asociarse a Neptuno, pero que exhibe varias peculiaridades. Se trata de un joven imberbe, que lleva un delfín en la mano y porta un collar con un colgante de media luna. Hoy se encuentra depositado en el Museo de Prehistoria de Santander, situado en los bajos del edificio de la Diputación Provincial. Este hallazgo confirma la creencia en Cantabria en una deidad marina desde hace ya mucho tiempo. Cosa lógica, por otra parte, en un pueblo que vive día a día con el mar. No se sabe si como evolución de aquel personaje, hoy perdura en estas tierras la creencia en un rey marino, el Lantarón. Se trata de una figura masculina, semejante a la humana, con grandes pies y manos que presentan membrana interdigital, cuerpo musculoso del color verdinegro como el de las algas, cabeza ovalada y ojos verdes saltones. De su columna vertebral salen unas espinas dorsales, como las del “pez escorpión”.
Durante la bajamar se acerca a las rompientes y, en pié sobre las rocas, apoyado en su vara de saúco, observa ensimismado el movimiento y el rumor de la resaca. Sólo se alimenta de pulpos, a los que arranca del fondo con sus recias manos y se los come lentamente mientras sus ojos contemplan la amplitud de su reino.
Rey de los mares, es él quien premia a los pescadores concediéndoles la posibilidad de desposar a las sirenas que caen presas en sus redes. Al anochecer se torna luminiscente, merced a una poción que fabrica con bayas de su vara de saúco y leche de sirena. Esta misma pócima, le confiere poderes sobrenaturales.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ojancano

De entre todos los seres extraordinarios que pueblan las montañas, valles y bosques cántabros... de entre los mitos que vivieron o viven en tierra española... de entre todos los monstruos que cautivan y atormentan la imaginación... de entre los ogros que atormentan a los niños y amedrentan a los hombres... de entre todos los símbolos del mal, la crueldad y la brutalidad, aquel que sobrepasa a todos por su estatura, fuerza, fiereza, monstruosidad y perversidad es el Ojáncano, salvaje habitante de las profundas y tétricas cavernas perdidas en los más recónditos parajes de la Montaña. El Ojáncano, sólo abandona su guarida por la noche... para salir a sus diabólicas y destructoras correrías.
Nos encontramos ante un descomunal gigante, tan alto como los árboles más altos del bosque y más robusto que los duros peñascos que sostienen las montañas. Sus pies... enormes y descalzos, dejan en prados y caminos unas huellas que son inconfundible señal de alarma. Tiene diez dedos en cada pie, terminados cada uno de ellos en una uña acerada y potente.
Su barba enmarañada oculta la parte delantera de su cuerpo y en ella, entre pelos bermejos y gruesos, encontramos un inconfundible pelo blanco. Este pelo blanco es el punto débil del Ojáncano: si alguien consigue arrancárselo, el poderoso gigante morirá inmediatamente.


Por encima de la barba se eleva la cabeza grande y horrible, donde distinguimos sus fauces escalofriantes y sanguinarias, su narizota enorme... y su único ojo bajo la frente. Se trata de un ojo gigante, un ojo enorme y brillante como un ascua, ojo de mirada siniestra y feroz, ojo agudísimo que lo ve todo por muy distante que esté, ojo que hay que cegar para poder acercarse a arrancar el pelo blanco de la barba.
Todas las maldades del monte son obra del Ojáncano: aun cuando no está enfadado ciega las fuentes, resquebraja los árboles más útiles, arranca el pelo a las vacas, esparce el heno amontonado, vuelca los carros, atraviesa troncos en los caminos, derriba cercas y tapias, rapta mozas e incluso princesas...  No se sabe exactamente cuántos Ojáncanos y Ojáncanas han existido o existen en los inaccesibles montes cántabros, pero sí se sabe que algunas cavernas en las que vivieron o viven llevan su nombre... Sólo seres sobrenaturales, como un duende o una Anjana, pueden proteger a los hombres del Ojáncano y castigarlo.

domingo, 22 de febrero de 2015

Monstruo de las Cavernas — Sierpe de Peñacastillo



Se trata de una serpiente mitad hombre, terrorífica...
Se cuenta que el monarca más poderoso de Europa, Felipe II, creyó que la Cueva del Tesoro de Peñacastillo albergaba un gran depósito de perlas y riquísimas joyas... custodiadas por esta sierpe.
  
El rey costeó una expedición dirigida por un mago italiano... para que este conjurase al monstruo... pero la aventura concluyó con la fuga precipitada del encantador al llegar al antro...

lunes, 16 de febrero de 2015

Duende Trastolillu

El trastolillu es un ser de la mitología cántabra englobado dentro de los que se denominarían duendes domésticos.

Semejante al trasgo, son seres protectores del hogar, revoltosos y juguetones. Se le describe como un geniecillo de facciones pícaras y más negro que el hollín, con el pelo largo y del mismo color.

Posee unos ojillos verdes, colmillos retorcidos, rabillo apenas apreciable y someros cuernecillos.

Viste una especie de manto rojo que se hace de cortezas de árbol cosidas con hiedra, se cubre la cabeza con un gorro blanco y se asiste de un bastoncillo de madera.

Entre sus hazañas está la de tirar la harina, beber la leche, esconder las albarcas, correr las aldabas de las ventanas por la noche para que el viento las haga chirriar o requemar los guisos, todo ello entre estridentes risas y fingidos lloriqueos.

Son semejantes en aspectos y hazañas a los pequeños seres de las mitologías nórdicas.