miércoles, 12 de agosto de 2015
martes, 11 de agosto de 2015
Lo que esconden las Perseidas
Conocidas en España como «Lágrimas de San Lorenzo», unen la tradición cristiana (San Lorenzo) con la mitología griega (Perseo) y podrán verse este miércoles y jueves
Las Perseidas, conocidas como las Lágrimas de San Lorenzo (por coincidir su máxima actividad con la festividad de San Lorenzo) se podrán ver con total claridad este próximo miércoles y jueves. Esta lluvia de meteoros tiene lugar cuando diminutos fragmentos de polvo provenientes de la cola del cometa periódico Swift-Tuttle atraviesan nuestra atmósfera. Este cometa da una vuelta alrededor del sol cada 130 años.
Las Perseidas entran en la atmósfera a una velocidad de 59 km/segundo- mucho más rápidas que las Gemínidas que impacta a 35 km/segundo, por lo que se trata de meteoros rápidos y brillantes aunque su tamaño es muy pequeño.
Es precisamente el contacto con la atmósfera, lo que produce la combustión que genera un bólido o estrella fugaz, un destello que dura menos de un segundo y que es lo que se puede observar desde la Tierra. Se da la circunstancia de que las Perseidas han sido observadas durante siglos, pero no fueron reconocidas oficialmente a mediados del siglo XIX y es una de las lluvias mejor estudiadas.
Hasta aquí lo científico porque las Perseidas algún que otro mito. Entre ellas, una perteneciente a la tradición cristiana y otra más pagana, relacionada con la mitología griega.
San Lorenzo
Las Perseidas reciben el nombre nada casual de Lágrimas de San Lorenzo, porque precisamente su llegada coincide con el día en que se recuerda el martirio de este santo cristiano (10 de agosto de 258). San Lorenzo fue quemado vivo en una parrilla, en la ciudad de Roma.
Por si no fuera poco, el cometa que las provoca las Perseidas, el Swift-Tuttle, se perdió de la vigilancia de los astrónomos por imprecisiones cometidas en la estimación de su órbita. Incluso se creyó que se había desintegrado. Lo que ocurría e que el período en el que el cometa lograba completar su órbita no era de 120 sino de casi 130 años. Para alivio de los científicos, volvió a reaparecer en 1992.
Constelación de Perseo
El nombre de Perseidas se debe a la zona del cielo de donde parece que salen los meteoros por un efecto de perspectiva (radiante), que se encuentra en la constelación Perseo.
Si buceamos en la mitología griega, Perseo es el hijo de Zeus, quien, enamorado de la ninfa Dánae, tuvo que metamorfosearse para poder entrar en la habitación donde estaba recluida su amada y engendrar a su futuro vástago. La forma que eligió el dios fue, precisamente, una lluvia dorada... Después, ya mayor, Perseo tiene amores con la princesa Andrómeda, que es la constelación que se ubica a su lado. Incluso la salvó de un monstruo marino que estaba a punto de devorarla. No fue la primera vez, porque previamente ya le había cortado al cabeza a Medusa, famosa por convertir en piedra a quienosara mirarla.
sábado, 8 de agosto de 2015
En la mitología romana, Caco (en griego antiguo Κακός Kakós, ‘malo’ o ‘malvado’; en latín Cacus), hijo de Vulcano y hermano de Caca, era un gigante que vomitaba torbellinos de llamas y humo. Era descrito como un ser "medio hombre, medio fiera" y según algunas versiones contaba con tres cabezas. Vivía en una cueva del monte Aventino en el Lacio (actual Roma), en cuya puerta siempre colgaban, para horror de los habitantes del lugar, las cabezas sangrantes de los humanos que devoraba.
Según la Eneida, en la que Evandro cuenta la historia a Eneas, Hércules condujo los rebaños de bueyes de Gerión, tras darle muerte, hasta las orillas del Tíber, cerca de la morada de Caco. Mientras pastaban Hércules se durmió y Caco se encaprichó del ganado, robando cuatro parejas de bueyes que condujo a su cueva arrastrándolos de espaldas por el rabo, de forma que no dejaran huellas. Cuando Hércules despertó y se dispuso a abandonar los pastos, el ganado que le quedaba empezó a mugir lastimeramente hacia la cueva, donde una vaca respondió.
Hércules corrió furioso hacia la cueva. Caco, aterrorizado, se atrincheró en su cueva tapando la entrada con una enorme roca que pendía del techo con cadenas forjadas por Vulcano. Hércules se vio obligado a arrancar la cima de la montaña para abrirse paso, y desde lo alto, atacó a Caco lanzándole rocas y troncos de árboles. Al verse sin escapatoria, Caco comenzó a vomitar humo y llamas. Perdiendo finalmente la paciencia, Hércules saltó a la cueva, dirigiéndose a la zona en la que el humo era más denso, agarró a Caco y lo estranguló. Según Ovidio, lo mató a golpes con su garrote.
Otra versión cuenta que Caco hizo caminar de espaldas a las reses para no dejar nuevas huellas. Cuando Hércules pasó con el resto del ganado frente a la cueva de Caco, donde estaban escondidas las reses robadas, empezaron a llamarse unas a las otras.
En la antigua mitología romana, Caco (en latín Cacus) era un dios del fuego. Posteriormente fue degradado al gigante anteriormente descrito. En los mitos romanos, fue Caca quien traicionó a su hermano contándole a Hércules dónde estaba la cueva en la que se escondía con el ganado robado. Después de matarlo, Hércules fundó un altar en el lugar donde el Foro Boario, el mercado de ganado, se celebraba posteriormente.
viernes, 7 de agosto de 2015
Escalofriantes leyendas mexicanas
1. El Baca
El Baca es uno de los demonios más famosos en la cultura mexicana, esta criatura se disfraza de sombra y asusta, ataca y hasta asesina a quienes osen entrar a la propiedad que está protegiendo. Los hacendados o dueños de fincas tienden a hacer pactos con el demonio para que el Baca proteja sus tierras de cualquier invasor.
Así, todas las noches se escuchan ruidos infernales y nadie que quiera permanecer con vida puede pasar cerca del terreno que protege el Baca, ya que éste lo atacará sin piedad aunque la persona no tenga intención de entrar en la finca.
2. El carro de las brujas
En la carretera que une el Distrito Federal con Cuernavaca algunos desafortunados han visto el carro de las brujas. Este carro color rojo es manejado por un grupo de hermosas mujeres que invitan y seducen al hombre a subir junto a ellas.
Si un hombre no resiste la tentación y acepta acompañar a las hermosas brujas estará escribiendo su triste final. Dice la leyenda que el cuerpo sin vida del hombre aparecerá días después con signos de haber sido torturado y utilizado para algún ritual satánico.
3. La penitente
Cuenta la leyenda que esta anciana suele montarse en los autos de incautos taxistas para expiar todos sus pecados. Se dice que una señora mayor se sube a un taxi y le indica al chofer realizar un intrincado recorrido por las calles de la ciudad en busca de las principales Iglesias.
En cada Iglesia la mujer se baja del vehículo y luego vuelve a ingresar con los ojos llenos de lagrimas y diciendo una oración. Finalmente llegan a la casa de la anciana, ésta se baja para buscar el dinero, al tardar, el taxista molesto toca la puerta del sitio y descubre con sorpresa que la persona que describe murió hace varios años. Con terror acepta que a quien llevó todo el tiempo en el asiento trasero era el espíritu de la penitente.
4. El charro negro
En los pueblos del sur de México ronda montada a caballo un alma en pena: el Charro Negro. Este vaga por los oscuros pasos y carreteras, deseoso de cruzarse con algún despistado viajero ante el cuál aparecerse.
Muchos aseguran que el Charro Negro, tras aparecerse, tiene un actitud amistosa, confiada. Se ofrece a acompañar al viajero durante su camino, eso siempre y cuando no haya alguna Iglesia en su recorrido, en este caso el Charro se despide con cortesía y desaparece en la oscuridad. Otras versiones algo más siniestras de esta leyenda relatan que el Charro Negro invita al viajero a subir a la grupa de su a su caballo. Si acepta, el caballo empieza a galopar con y no se vuelve a saber del viajero nunca más.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Breves leyendas sobre las flores
El Aciano

La reina Luisa de Prusia fué una hermosa dama, de gran valor El emperador Napoleón el Grande invadió su país y se apoderó de él, oprimiendo al pueblo, pero la reina luchó valientemente contra el invasor.
Sin embargo, al fin, el enemigo tomó la capital (Berlín), y la reina, que tras muchas penalidades, pudo escapar con sus hijos, fue a esconderse en un campo cubierto de acianos. Los niños, asustados, empezaron a llorar, Entonces la reina Luisa, temiendo que alguien les oyera y les descubriera, cogió algunas de aquellas florecitas azules y haciendo con ellas coronas y ramas para los pequeños príncipes, logró distraerles de su pena.
Uno de ellos se llamaba Guillermo, y algunos años después derrotó al sobrino de Napoleón. Proclamado primer emperador de Alemania, tomó como símbolo el aciano.
El Crisantemo

En la Selva Negra (Alemania) vivía un campesino llamado Hermann. La víspera de Navidad, cuando regresaba a su casa, encontró a un niño pequeñito tendido sobre la nieve. Lo tomó en brazos y lo condujo al modesto hogar donde le aguardaban su esposa e hijos, quienes, compadeciéndose del pobre niño, compartieron alegremente con él la humilde cena que tenían preparada para aquella festividad.
El pequeño forastero permaneció toda la noche en la cabaña, y a la mañana siguiente, después de revelar que era el Niño Jesús, desapareció. Cuando volvió a pasar Hermann por el lugar donde había encontrado al Niño, vio que habían nacido entre la nieve unas flores hermosísimas. Cogiendo un buen puñado de ellas las llevó a su esposa, quien les dio el nombre de crisantemos, esto es, flores de Cristo, o más propiamente, «flores de oro». Y en lo sucesivo, toda Noche Buena, en memoria del pequeño visitante. Hermann y los suyos daban a algún niño pobre parte de la cena.
La Anémora

Existía en antiguos tiempos la Ninfa de las Flores, cuyo nombre era Cloris y a su jardín solía acudir el Espíritu del Viento de Occidente, Céfiro, enamorado de ella. Vivían en el jardín de la Ninfa de las Flores otras muchas hermosas ninfas, y, entre ellas, una jovencita llamada Anémona. Un día Céfiro, demostrando poca afición por Cloris, comenzó a cortejar a la gentil Anémona. Celosa e irritada aquélla, arrojó a Anémona de su jardín, para que pereciera en los bosques salvajes. Afortunadamente cruzó un día por ellos Céfiro, y viendo a la pobre Anémona moribunda, la convirtió en la blanca y graciosa flor que crece al pie de los árboles cuando florece la primavera.
La Rosa de Jericó

La rosa de Jericó, se conoce también con el nombre de «flor de la Resurrección», pues se le atribuye la propiedad de morir y volver después a la vida. Su origen tiene una hermosa leyenda.
Se dice que en aquellos días en que José y María huyeron de Belén con el Niño Jesús, para salvarle de la degollación de los inocentes, ordenada por el rey Herodes, la Sagrada Familia atravesó las llanuras de Jericó Cuando la Virgen bajó del asno que montaba, esta florecilla brotó a sus pies, para saludar al Salvador, a quien María llebava en brazos.
Durante la vida del Salvador en la tierra, la rosa de Jericó siguió flore¬ciendo, pero cuando expiró en la cruz, todas estas rosas se secaron y murieron al mismo tiempo que Él. Sin embargo, tres días después, Cristo resucitó, y las rosas de Jericó volvieron a la vida, brotando y floreciendo sobre la llanura, como señal de la alegría de la tierra pol¬la resurrección de Jesús.

La reina Luisa de Prusia fué una hermosa dama, de gran valor El emperador Napoleón el Grande invadió su país y se apoderó de él, oprimiendo al pueblo, pero la reina luchó valientemente contra el invasor.
Sin embargo, al fin, el enemigo tomó la capital (Berlín), y la reina, que tras muchas penalidades, pudo escapar con sus hijos, fue a esconderse en un campo cubierto de acianos. Los niños, asustados, empezaron a llorar, Entonces la reina Luisa, temiendo que alguien les oyera y les descubriera, cogió algunas de aquellas florecitas azules y haciendo con ellas coronas y ramas para los pequeños príncipes, logró distraerles de su pena.
Uno de ellos se llamaba Guillermo, y algunos años después derrotó al sobrino de Napoleón. Proclamado primer emperador de Alemania, tomó como símbolo el aciano.
El Crisantemo

En la Selva Negra (Alemania) vivía un campesino llamado Hermann. La víspera de Navidad, cuando regresaba a su casa, encontró a un niño pequeñito tendido sobre la nieve. Lo tomó en brazos y lo condujo al modesto hogar donde le aguardaban su esposa e hijos, quienes, compadeciéndose del pobre niño, compartieron alegremente con él la humilde cena que tenían preparada para aquella festividad.
El pequeño forastero permaneció toda la noche en la cabaña, y a la mañana siguiente, después de revelar que era el Niño Jesús, desapareció. Cuando volvió a pasar Hermann por el lugar donde había encontrado al Niño, vio que habían nacido entre la nieve unas flores hermosísimas. Cogiendo un buen puñado de ellas las llevó a su esposa, quien les dio el nombre de crisantemos, esto es, flores de Cristo, o más propiamente, «flores de oro». Y en lo sucesivo, toda Noche Buena, en memoria del pequeño visitante. Hermann y los suyos daban a algún niño pobre parte de la cena.
La Anémora

Existía en antiguos tiempos la Ninfa de las Flores, cuyo nombre era Cloris y a su jardín solía acudir el Espíritu del Viento de Occidente, Céfiro, enamorado de ella. Vivían en el jardín de la Ninfa de las Flores otras muchas hermosas ninfas, y, entre ellas, una jovencita llamada Anémona. Un día Céfiro, demostrando poca afición por Cloris, comenzó a cortejar a la gentil Anémona. Celosa e irritada aquélla, arrojó a Anémona de su jardín, para que pereciera en los bosques salvajes. Afortunadamente cruzó un día por ellos Céfiro, y viendo a la pobre Anémona moribunda, la convirtió en la blanca y graciosa flor que crece al pie de los árboles cuando florece la primavera.
La Rosa de Jericó

La rosa de Jericó, se conoce también con el nombre de «flor de la Resurrección», pues se le atribuye la propiedad de morir y volver después a la vida. Su origen tiene una hermosa leyenda.
Se dice que en aquellos días en que José y María huyeron de Belén con el Niño Jesús, para salvarle de la degollación de los inocentes, ordenada por el rey Herodes, la Sagrada Familia atravesó las llanuras de Jericó Cuando la Virgen bajó del asno que montaba, esta florecilla brotó a sus pies, para saludar al Salvador, a quien María llebava en brazos.
Durante la vida del Salvador en la tierra, la rosa de Jericó siguió flore¬ciendo, pero cuando expiró en la cruz, todas estas rosas se secaron y murieron al mismo tiempo que Él. Sin embargo, tres días después, Cristo resucitó, y las rosas de Jericó volvieron a la vida, brotando y floreciendo sobre la llanura, como señal de la alegría de la tierra pol¬la resurrección de Jesús.
lunes, 3 de agosto de 2015
Genbu
Genbu es la palabra japonesa que se utiliza para referirse a uno de los cuatro monstruos divinos que indican los puntos cardinales. Genbu tiene la apariencia de una tortuga y una serpiente. Representa al norte y su símbolo es la tierra.
Origen
El origen de Genbu proviene de uno de los cuatro símbolos de las constelaciones chinas. Los chinos lo llaman Tortuga negra o tortuga del norte (black tortoise). Además de representar al norte, también hace referencia a la estación del invierno.
Historia
En la china antigua , la tortuga y la serpiente , eran visualizadas como criaturas espirituales que simbolizaban longevidad. Durante la dinastía Han, la gente, con frecuencia, usaban pendientes de jade con la forma de tortugas. Debido a la gran influencia de la china antigua, en Japón, los títulos honorables, con frecuencia, se referían a imágenes de tortugas. Luego hubo una leyenda, la cual decía que las tortugas de sexo femenino eran incapaces de unirse a tortugas masculinas, pero solamente lo hacían con serpientes machos. Esto produjo el enojo de las tortugas masculinas y ellas mantenían la distancia, orinando a su alrededor para que no volvieran a acercarse. Desde entonces, aquellos hombres cuyas esposas estaban teniendo amores extramatrimoniales con frecuencia se referían hacia ellas como "tortugas" y la gente, por lo tanto, dejó de usar a la tortuga como símbolo de fortuna.
viernes, 31 de julio de 2015
¿Por qué los dioses griegos eran más “pecadores” que los propios mortales?
“Si hubiese de venir al mundo un dios, su misión debería ser la injusticia. La verdadera divinidad consiste en cometer la falta, no es disponer el castigo” [Friedrich Nietzsche, “Ecce Homo”, página 35]
Las críticas que Nietzsche ha realizado a lo largo y ancho de sus obras a la moral en general y a la cristiana en particular tienen su punto de inflexión en la célebre frase “Dios ha muerto”, que escandalizó a la opinión pública de entonces. La idea, más allá de las acepciones literales que pudieron tomar los devotos, remite a la concepción de un hombre que finalmente centra su atención en su propio Ser, que empieza a valerse por sí mismo, despojado ya de las cadenas de la vorágine religiosa. Y en efecto, de esto se desprende uno de los conceptos centrales del filósofo alemán: el de “Superhombre” como sujeto superador de ese “hombre” dependiente del dios de turno.
No obstante, la frase que se cita al comienzo de este escrito refleja de alguna manera el “accionar” de los dioses de la Mitología Griega, como si este último libro de Nietzsche hubiera estado en un lugar privilegiado en la biblioteca del Olimpo. A lo que apunto es a que, a diferencia del Dios cristiano y tal vez los de otras religiones, las divinidades griegas transgredían los parámetros del “buen obrar” y se abandonaban a una suerte de “libertinaje celestial” que sólo se justificaba en la omnipotencia de los más poderosos.
El caso más emblemático es el de Zeus. Sin dudas, el máximo dios del Olimpo nunca dudó de su despotismo y cometió los actos más sádicos (del marqués de Sade) que ni el hombre más libertino hubiera osado hacer. Los ejemplos abundan: En primer lugar, era el dios más infiel de todos para con su esposa Hera y como celebración de su ascenso como emperador de dioses, violó a Metis y luego se la comió embarazada para evitar que su hijo lo destronara; secuestró a la doncella Europa metamorfoseándose en un toro blanco; violó a Dánae, hija de Acrisio y madre de Perseo; se transfiguró con la apariencia del rey Anfitrión y se acostó con la reina Alcmena (de cuya unión nació Heracles); asesinó masivamente a los hombres cuando decretó el “Diluvio Universal”; enfrentó y destronó a su padre Cronos para acceder al poder; luego engañó a su propio hermano Hades en la repartija de los reinos, enviándolo a gobernar al Inframundo, etcétera. De tener tiempo y espacio, la lista de pecados podía continuar de manera eterna.
Hefesto sorprende a su hermano Ares y a su esposa Afrodita en la cama y los expone ante los demás dioses
Sin embargo, por supuesto, no fue el único. Sus hijos se caracterizaron por ser casi tan libidinosos y crueles como él. Así fue como Ares traicionó a su hermano Hefesto acostándose con su esposa Afrodita; Artemisa hizo despedazar a Acteón con la voracidad de sus propios perros por haberla sorprendido desnuda; Afrodita asesinó a Hipólito por su elección de ser casto y por ello “deshonrarla” a ella; Hermes, a pesar de ser el dios de mayor inteligencia, utilizó sus dotes para robar y estafar a sus pares y mortales; tanto Atenea como Ares fueron belicosos e infundían en sus devotos las ansias de guerra y la pasión por la sangre rival; Hades raptó a Perséfone para tener su reina del Inframundo… En fin, éstos y muchos pecados más regaron la leyenda de los dioses en los mitos griegos.
Pero el caso de Dioniso es tal vez, tan estrepitoso como el de su padre Zeus. Ya de por sí era el dios de la lujuria y el vino. Tan promiscuo como borracho, era escoltado por un séquito de sátiros y ménades con los que recorría todos los pueblos promocionando las más execrables orgías, en las que no faltaban las prácticas de zoofilia y otros desmanes eróticos. Sus instigaciones a la excitación y al sexo desenfadado hicieron que fuera el dios preferido por los mortales, honrado principalmente en la antigua Atenas, que promovió el afamado “delirio dionisíaco”, que no consistía en otra cosa que en estar profundamente ebrio y entregarse a la más deleznable promiscuidad.
Ahora bien, ¿por qué eran los dioses griegos tan pecadores y, por consiguiente, la némesis del Dios cristiano? Para responder a esta cuestión habría que plantearse la responsabilidad de los creyentes. Con esto pretendo dar cuenta de algo que resulta determinante para entender la dialéctica entre dioses y fieles. Se suele decir en el mundo cristiano que “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza” y, por el contrario, pienso que la fórmula sería precisamente la inversa: somos nosotros, los hombres y no Dios, quienes creamos a las deidades a nuestra imagen y semejanza. Algo de esto ya había sido mencionado por algunos filósofos, principalmente por Ludwig Feuerbach, de quien un joven de nombre Karl Marx tomaría nota de sus escritos para comenzar sus indagaciones sobre la Ideología (sí, en mayúscula y en singular) comenzando por estudiar una de las más fuertes ideologías (aquí sí en plural) como lo es la religión. Lo concreto es que Feuerbach afirmaba que el hombre da cuenta indirectamente de su propio Ser, endosando a distintos dioses características que, en realidad, forman parte de sí mismo. Es decir, si decimos que “Dios es bondadoso”, en realidad estamos significando inconscientemente que el ser humano lo es, del mismo modo cuando aseveramos que Dios es omnipotente, celoso y castigador. ¿Qué otros atributos podríamos otorgarle a las divinidades si no son aquellos que conocemos por ser propios de nuestro Ser?
De esta manera, la conclusión es inexorable: los dioses griegos eran libertinos, infieles, arteros, crueles, vengativos y borrachos porque los helenos de entonces reflejaban indirectamente las cualidades de su propia existencia. “¿Por qué no hacer esto o aquello si “´los dioses lo hacen´?”, pudieron argumentar. Las particularidades de los dioses implicaban, de manera implícita, la justificación de sus propios actos. Por su parte, el Cristianismo más férreo de la Edad Media se encargó de edificar un dios “aburrido”, que castigaba la embriaguez y el goce sexual (“Predicar la castidad es incitar públicamente a faltas contra natura. El desprecio de la sexualidad es el desprecio de la vida”, decía Nietzsche). No por casualidad la Edad Media fue la etapa más oscura de la historia de la humanidad, que precisamente el Iluminismo (la Ilustración) vino a derrotar.
¿Cómo serán los dioses de la humanidad en el futuro? ¿Adquirirán una idiosincrasia evolucionada de los hombres o podrán finalmente “liberarse del yugo” al que los sometemos?
Visto en: http://blogs.infobae.com
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