lunes, 26 de enero de 2015

LEYENDA DE LA MARIPOSA

En una aldea asturiana, vivió, hace mucho tiempo, un rico labrador, viudo desde hacía años, que tenía dos hijas, pero para quien sólo contaba una; Inés, que nunca se atrevió a contradecir a su padre y se casó con el novio que éste le había designado. No pasó lo mismo con Clara, su otra hija, que a la hora de contraer matrimonio, eligió con el corazón y provocó tanta ira en su padre, que la desheredó y le prohibió acercarse a la casa donde había nacido.
Clara y su esposo vivían pasando mucha necesidad y aunque Inés deseaba ayudar a su hermana, el temor a su padre le impedía hacerlo. Cuando el labrador murió, Inés intentó de nuevo favorecer a Clara de alguna manera pero ésta vez fue su marido quien se lo impedía. Se desesperaba viendo la pobreza de su hermana y no veía modo de remediarlo. El día que se celebraba la misa por el alma de su difunto padre, rogó Inés con toda su alma para que Dios le permitiera encontrar la manera de favorecer a Clara y en eso estaba cuando de pronto sintió un gran peso sobre su cabeza. Levantó la mano y una mariposa se elevó en el aire. No pudo creer que fuera el pequeño insecto el que provocaba aquella sensación hasta que el fenómeno se repitió varias veces. Al acabar la misa, le contó a su marido lo que le había pasado pero éste no le hizo el menor caso, creyendo que habrían sido alucinaciones. Sin embargo, a los pocos pasos fue el marido quien levantaba la mano hacia su cabeza por el gran peso que sentía sobre ella y quien veía elevarse una mariposa ante sus ojos. La mariposa estaba constantemente presionando la cabeza de uno u otro de los esposos hasta que Inés insistió tanto en que era una señal que se les enviaba para que ayudaran a Clara, que su marido accedió a repartir la cuantiosa herencia de su suegro con sus cuñados. Así se hizo y ya restablecidos cariñosamente los lazos entre las dos familias, vieron una mariposa revolotear alegremente ante ellos y luego volar muy alto, muy alto. Hasta el Cielo.


https://donpelayo777.wordpress.com/2013/03/08/leyenda-de-la-mariposa/

viernes, 23 de enero de 2015

EL CARRU DE LA MUERTE

El carru de la muerte es un carro que vuela por los cielos asturianos buscando a los moribundos para recoger el alma de este cuando fallece, en algunas historias se cuenta que de él baja la Güestia. En otras historias el carro va tirado por dos caballos invisibles y vaga por los caminos con ruedas de corcho para que no se le oiga. Va conducido por el último fallecido de la parroquia, se para enfrente de la casa del moribundo y dice la siguiente frase “sal fulano que aquí lo buscan”.
Carru de la muerte es este un carro que vuela por los cielos asturianos buscando a los moribundos para recoger el alma de este cuando fallece, en algunas historias se cuenta que de él baja la Güestia. En otras historias el carro va por los caminos con ruedas de corcho para que no se le oiga, va conducido por el último fallecido de la parroquia, se para enfrente de la casa del moribundo y dice la siguiente frase invocando el nombre del personaje que habita en la casa y va ha fallecer “sal que aquí te busquen”
Algunos folcloristas dicen que no se ven los caballos que tiran de él y aparentemente no lleva conductor. Pero volviendo a su leyenda podemos tener una idea de que es, puesto que algunos habitantes asturianos lo vieron. La leyenda dice así…
En San Pedro de la Llama, en Ribadesella, vivía una anciana a la que apodaban la Señorona. Los vecinos, se extrañaron de no verla por el pueblo hacía días y fueron a saber de ella, cuando llegaron era de noche y la encontraron acurrucada en el llar, pálida y tiritando de miedo… En cuánto ella los vio les gritó:
¡Ay, probines del corazón, que acaba de pasar la el coche de la muerte por encima de la casa de Pepillo!
Pepillo vivía enfrente de la Señorona, era muy anciano, y, para más INRI, en aquélla ocasión estaba malu.
¿Y vióle usté María?- Le preguntaron.
¡Como ahora te veo a ti!- Contestóles La señorona.
Se armó un revuelo en el pueblo y cuando llegaron las demás mujeres, procuraron animarla. El carro, seguro que no vendría por ella, pues aún no era muy vieja ni tenía grandes enfermedades.
La tía María o como la llamaban, la señorona, se calmó y dado que hacía poco había hecho el Sanmartín con un cerdo enorme que tenía, se puso con otras vecinas a realizar emberzados, plato exquisito, tan exquisito que era una tentación para nuestra señorona.
¡Mi alma que pinta tien esti emberzau! – dijo una vecina.
Anda ponlos a cocer, que vamos probalos – dijo la Señorona.
Metieron los emberzados en una caldera muy grande y siguieron su labor. Al poco rato se levantó la Señorona y sacó un emberzado por los hilos. En aquel mismo momento dijo una de las mujeres comentó que Pepillo había mejorado bastante, y la Señorona partió en dos el emberzado y repentinamente cayó al suelo. Acudieron las mujeres en su auxilio, pero ya la encontraron muerta…
El emberzau mortal, el carru de la muerte, quien lo sabe, pero murió siendo testigo del paso de aquel carru.
FUENTES:
https://donpelayo777.wordpress.com/2015/01/17/seres-mitologicos-asturianos-el-carru-de-la-muerte/

jueves, 22 de enero de 2015

Las arpías

as arpías son hijas de Taumante y de Electra, son tres: Aelo, llamada también Nocotoe, “la de los pies rápidos”; Ocipete, “la de vuelo rápido” , y Celeno, la oscura. Son mujeres dotadas de alas o aves con cabezas femeninas. Sus garras son afiladas y crueles.
Son servidoras de Zeus, se apoderan de los niños y de las almas. Fueron criadas por Afrodita, pero un día que esta se ausento aprovecharon para secuestrar a las hijas de Pandareo y de entregárselas a las Erinas.
Se las representa sobre tumbas llevando a cabo sus fechorías. Saben muy bien como torturar y maldecir a sus víctimas, uno de ellos fue el rey Fineo. Cuando este se harta de que todo se cubra con excrementos y que incluso estas le arrebataran los alimentos, pide a los argonautas que le presten ayuda y estos empiezan a perseguirlas.
Se decía que las arpías solo podían morir en manos de las Boreadas y que estos si no podían alcanzarlas morirían en el intento. La primera de ellas cayo en un río. Pero Isis, el arco iris que es mensajero de Zeus se interpone. A cambio de salvarlas deberían prometer liberar al rey Fineo de la maldición.
Las arpías se unieron con el dios Céfiro, juntos engendraron a los caballos de Aquiles, llamados Janto y Valió, y a los dos caballos de los Dioscuros, llamados Flogeo y Harpago.
Las arpías simbolizan el hostigamiento de los vicios, la crueldad extrema y la obsesión por la maldad. Son tan rapidas como el viento y tan espantosas como la tempestad. Sus brutalidades son a menudo incomprendidas hasta por los mismos dioses. Únicamente los hijos de Bóreas, el viento, logra darles caza.

martes, 20 de enero de 2015

LA MUERTE SEGÚN EL CHAMANISMO







EL ÁGUILA








Los antiguos videntes, enfrentándose a peligros incalculables, habían “visto” la fuerza indescriptible que es el origen de todos los seres conscientes. La llamaron el Águila, porque al vislumbrarla brevemente, la “vieron” como algo que parecía un águila, negra y blanca, de tamaño infinito. Ellos “vieron” que es el Águila quien otorga la conciencia de ser. El Águila crea seres conscientes a fin de que vivan y enriquezcan la conciencia que les da con la vida. También vieron que es el Águila quien devora esa misma conciencia de ser, enriquecida por las experiencias de la vida, después de hacer que los seres conscientes se despojen de ella, en el momento de la muerte. (EFI,63)

Los chamanes “vieron” que en el Universo existe una fuerza descomunal, un inmenso conglomerado de campos de energía al que denominaron “el Águila” o “el oscuro mar de la conciencia”. Comprobaron que el “oscuro mar de la conciencia” es la fuerza que da conciencia a todos los seres vivos, desde los virus hasta los humanos. Se convencieron de que dota de conciencia al recién nacido, quien la realza mediante sus experiencias vitales hasta el momento en que la fuerza exige su devolución. (PM, 103)

Debido a nuestra conciencia de ser, nosotros pensamos que nos rodea un mundo de objetos. Pero lo que en realidad nos rodea son las emanaciones del Águila, fluidas, siempre en movimiento, y sin embargo inalterables, eternas. (EFI,62)

El universo está formado por campos de energía que desafían las descripciones o el escrutinio. Los brujos las llaman las emanaciones del Águila. Parecen filamentos de luz ordinaria, pero la luz ordinaria carece de vida comparada con las emanaciones del Águila, las cuales exudan conciencia de ser. (ECS,132)

Se asemeja a hilos incandescentes que se extienden en el infinito, en todas las direcciones concebibles; filamentos luminosos que están conscientes de sí mismos, en formas imposibles de comprender. (ADE,14)

A Don Juan personalmente no le gustaba la idea de que algo nos devora. Para él, sería más preciso si los videntes hubieran dicho que hay una fuerza que atrae nuestra conciencia, muy a la manera en que un imán atrae limaduras de hierro. En el momento de morir, todo nuestro ser se desintegra bajo la atracción de esa inmensa fuerza. (EFI,66)

El Águila refleja igualmente y al instante a todos los seres. Por eso no tiene sentido implorarle o pedirle favores. La parte humana del Águila es demasiado insignificante como para conmover a la totalidad. De todas formas, el Águila ha concedido un don a cada uno de los seres vivientes que existen: cada uno de ellos, si así lo desea, tiene el poder de conservar la llama de la conciencia, de buscar y traspasar la abertura hacia la libertad, de desobedecer el comparendo para morir y ser consumido. Es obvio para los videntes que ven o traspasan esa abertura que el Águila ha concedido este don a fin de perpetuar la conciencia. (EDA,177)











LA ENERGÍA DEL ÁGUILA AL MISMO TIEMPO NOS DA LA VIDA Y NOS PROVOCA LA MUERTE








« La tumbadora (que es como los toltecas llamaban a la muerte) es una fuerza de las emanaciones del Águila que nos golpea a cada instante.
. . .
Los videntes describen a la tumbadora como una línea eterna de anillos iridiscentes o bolas de fuego que ruedan incesantemente sobre los seres humanos. Los seres orgánicos luminosos son golpeados sin tregua por esta fuerza, también llamada la fuerza rodante, hasta el día en el que los golpes resultan ser demasiado para ellos y los hacen finalmente desplomarse. Los antiguos videntes quedaron boquiabiertos al “ver” entonces cómo la fuerza rodante los tumba al pico del Águila para ser devorados. Por esa razón llamaban a esa fuerza la tumbadora.

La fuerza rodante es el medio a través del cual el Águila distribuye conciencia y vida. Y al mismo tiempo es la fuerza que hace morir a los seres vivientes.
. . .
La fuerza rodante está compuesta por dos fuerzas separadas: la fuerza circular, que golpea primero, es la fuerza dadora de vida (ya que gracias a su golpe el capullo luminoso no se dispersa manteniendo su forma); y la fuerza tumbadora, que golpea inmediatamente después, es la fuerza de la muerte (ya que su golpe va debilitando el capullo luminoso). Los nuevos videntes “vieron” que ambas fuerzas están fusionadas, pero que no son iguales.

En cada ser viviente el equilibrio de las dos fuerzas es muy delicado. Si en cualquier momento dado un individuo siente que la fuerza tumbadora le golpea con mayor fuerza que la circular, esto significa que está roto el equilibrio; a partir de entonces la fuerza tumbadora golpea más y más duro, hasta que rompe la abertura del ser viviente y lo hace morir. »
(EFI,248-254)







 

lunes, 19 de enero de 2015

LA MUERTE SEGÚN LA MITOLOGÍA EGIPCIA







Los antiguos egipcios creían en la existencia de un complejo y complicado Más Allá (llamado Duat, Amenti o Necher-Jertet). Era tal su obsesión por ese otro mundo que estaban más preocupados por su futura existencia después de la muerte que por su vida terrenal, de ahí la importancia que le daban a los rituales de embalsamamiento y entierro, ya que morir antes de haber llevado a cabo los preparativos para el otro mundo, podría hacer peligrar la posibilidad de alcanzar la inmortalidad en el paraíso.

Con el transcurso del tiempo, la mitología egipcia se fue modificando generando diferentes versiones, pero en resumen cuando la persona moría, el dios del ultramundo Anubis (con cabeza de chacal) guiaba al fallecido por su viaje en el Más Allá. Ahí, el espíritu del difunto debía deambular en un mundo complejo y peligroso, plagado de lugares enigmáticos y sorteando seres malignos.



egipcia





El fallecido requería atravesar una serie de puertas, cavernas y montañas vigiladas por criaturas sobrenaturales y aterradoras. Estas criaturas podían ser pacificadas con la recitación de los sortilegios adecuados incluidos en el Libro de los Muertos, destinados a eliminar su amenaza e incluso pasar a gozar de su protección, hasta llegar ante el dios de la resurrección Osiris (con el rostro de color verde) para ser juzgado por sus actos durante su vida y saber si merecía o no la eternidad.



EL JUICIO DE OSIRIS


 

Juicio de Osiris - <BR>El juicio de Osiris es el acontecimiento más importante y trascendental para el difunto, dentro del conjunto de creencias de la mitología egipcia. <BR> <BR>En la Duat, el espíritu del fallecido era guiado por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Anubis extraía mágicamente el Ib (el corazón, que representa la conciencia y moralidad) y lo depositaba sobre uno de los dos platillos de una balanza. El Ib era contrapesado con la pluma de Maat (símbolo de la Verdad y la Justicia Universal), situada en el otro platillo. <BR> <BR>Mientras, un jurado compuesto por dioses le formulaba preguntas a cerca de su conducta pasada, y dependiendo de sus respuestas el corazón disminuía o aumentaba de peso. Dyehuty, actuando como escriba, anotaba los resultados y los entregaba a Osiris. <BR> <BR> <BR> Sentencia <BR>Al final del juicio, Osiris dictaba sentencia: <BR>Si esta era afirmativa su Ka y su Ba podían ir a encontrarse con la momia, conformar el Aj y vivir eternamente. <BR> <BR>Pero si el veredicto era negativo, su Ib era arrojado a Ammit, la devoradora de los muertos (un ser con cabeza de cocodrilo, melena, torso y brazos de león y piernas de hipopótamo), que acababa con él. Esto se denominaba la segunda muerte y suponía para el difunto el final de su condición de inmortal. <BR> <BR> <BR> <BR> <BR>" En el Juicio de los Muertos frente a Osiris, mi corazón rompería la balanza..." <BR> - Fotolog



Era el acontecimiento más importante para el difunto. Ahí primero debía jurar que no había cometido ningún pecado de una lista de 42, mediante la recitación de un texto conocido como la “Confesión Negativa”.


Entonces el corazón del difunto era pesado en una balanza contra la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia. A menudo era representada por una pluma de avestruz. Si la balanza permanecía en equilibrio significaba que el fallecido había llevado una vida ejemplar.









El dios de la sabiduría Tot (con cabeza de ibis) actuaba como escriba, anotando los resultados. El dios celeste Horus (con cabeza de halcón) intermediaba entre el finado y Osiris. Al final del juicio, Osiris dictaba su sentencia:

Si esta era favorable, el fallecido podía ir a vivir eternamente en el Aaru (El Paraíso en la mitología egipcia).

Si esta era negativa, lo devoraba la feroz bestia Ammit (una creatura con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y piernas de hipopótamo). Esto se denominaba la segunda muerte y era lo que más temían los antiguos egipcios porque implicaba la completa aniquilación. Dejaban de existir para siempre.




domingo, 18 de enero de 2015

Angra Mainyu


Angra Mainyu ([[Avesta]), también Ahriman o Arimán (enmpersa اهريمن, tr. Ahrimán) es la mala mente del humano.
El nombre no aparece en las inscripciones persas de la Antigüedad. En el Avesta es llamado el hermano gemelo de Ahura Mazda, y el opuesto de Spenta Mainyu. Es considerado como el Satán destructor, la fuente de todos los males en el mundo y, al igual que Ahura Mazda, existió desde la creación del mismo. Ahrimán escogió el mal conscientemente, creó las enfermedades para provocar la llegada de la muerte. Se considera que su mayor maldad fue corromper el fuego puro creado por Ahura Mazda, al que le dio color y le añadió el humo, dándole su característica contaminante. En el día del Juicio Final será destruido por Spenta Mainyu y desaparecerá del mundo para siempre.
Se puede observar una analogía con las creencias cristianas a través del concepto de Satanás, aunque no es igual ya que Angra Mainyu no es un ser ni una entidad, Angra Mainyu se refiere a la mala mentalidad del ser humano, se malinterpreta como el principal agente de la maldad, sin embargo Angra Mainyu no es equivalente al Satanás judeo-cristiano, diferenciándose de este en que, si en el Zoroastrismo existe una permanente batalla entre dos principios (del bien y del mal), en el pueblo de Israel, y posteriormente en el cristianismo, existe un único principio, creador de todo, también de Satanás, el cual rechaza este principio bueno en el uso de su libertad con la cual fue creado. Por lo tanto, en la tradición judeo-cristiana, la realidad es positiva. En cambio, para el zoroastrismo, mediante el equilibrio entre contrarios que supone Angra Mainyu frente a Spenta Mainyu, Zoroastro distinguió los dos polos de una dinámica particular: la creación y la destrucción, contempladas como un todo en Ahura Mazda (Ormuz).

La mitología persa sostenía que el diamante sostenido en su mano por Ahriman (la personificación del mal sobre la tierra) era su símbolo de poder sobre el mundo, una vez que Ormuz dios supremo del bien, hubiera perdido su poder. Sin embargo, Ormuz triunfó sobre Ahriman y, la joya se hundió en un lago.

sábado, 17 de enero de 2015

EL LLOBERU O LLOBERA (Ana María García, La Llobera)

Los lloberos, son hombres y mujeres que se crían entre lobos, llegando a mandar en las manadas. Son distintos a los casos de licantropía, donde el individuo se convierte en lobo. De este último se cuenta que es la maldición de un padre a su hijo por comer demasiada carne, entonces este se va de casa y se revuelca por la tierra, convirtiéndose en lobo, se encarga de que los lobos no se coman el ganado ni ataquen a las personas, pasados siete años, se revuelca de nuevo en la tierra y la maldición se va. Está documentado históricamente el proceso llevado a cabo por el Santo Oficio contra Ana María García, la Llobera de Llanes, fechado en 1648.
La siguiente crónica dio comienzo en la sierra del Cuera, en el concejo de Llanes. Fue en aquellos parajes donde nació Ana María García, hija de Juan García y de Toribia González, oriundos de Posada y labradores de sus campos. En el año 1623 vino al mundo la que sería conocida popularmente como la Llobera de Llanes.
Los primeros años de su vida fueron duros. Al poco tiempo de su nacimiento quedó huérfana y su vida se transformó en un calvario. Sus hermanos (seis mujeres más) y resto de familiares veían en la joven una carga. Fue así como emprendió un peregrinar por diferentes clanes. Hasta los 3 años permaneció en el hogar de Catalina Juárez y Juan García. Posteriormente pasó al cuidado de Diego Soga, hermano de este último, con el que convivió hasta cumplir los 7 años de edad, para, más tarde, recalar en el hogar de Juan Gutiérrez de Ardisana, donde residió hasta los 14 años. Luego se queda embarazada de Francisco Soga, otro familiar, y huye hasta Llanes, concretamente a la aldea donde residía Toribia Sánchez, posiblemente, otra pariente.
Contaba con 20 años cuando entabla una estrecha relación con una vieja bruja, conocida en toda la comarca, y, más concretamente, en el pueblo de Bricia, de nombre Catalina González. Aquella hechicera desempeñaría un papel fundamental en los designios de la Llobera de Llanes. Ella fue su mentora en las viejas y oscuras artes de la magia. Catalina González desempeñaba una función especial dentro de la sociedad de brujas asturianas. Esta sacerdotisa del mal captaba seguidoras entre las adolescentes para que formaran parte de sus «reuniones de brujas», de las que prácticamente no hay información alguna en archivos o bibliotecas.
La huesuda mujer, de rostro cadavérico, enseñó los saberes de la naturaleza, los cultos al bien y al mal, su mágica conexión con los animales y, más concretamente, con los lobos. El aterrador poder de convocar a los demonios en forma de fieras de siete colores. Los conjuros para llamar al maligno y no ser presa de sus garras. La invocación de seres del inframundo que la obedecerían con sólo una orden. Rituales extendidos por todos los países europeos dentro del mundo brujeril fueron día a día perfeccionados por Ana María.
Aprendió la clásica y extendida por media Europa invocación de lobos, tal como afirma el escritor e investigador Alberto Álvarez Peña, por medio de círculos sagrados grabados en la tierra y la oración de palabras mágicas. Empezó de esta forma una relación trascendental que se prolongaría hasta la muerte. Catalina no solamente fue su mentora en la comunicación con el más allá -como dejó testimoniado la mujer lobo-, sino que la instruyó en el arte de la preparación de ungüentos con todo tipo de vísceras animales y pócimas con plantas. Remedios arcaicos perdidos en la noche de los tiempos que conformaron una iniciación que concluyó el día que la vieja bruja falleció. La entrega «in articulo mortis» de un objeto -como así lo consideran los estudiosos de la brujería medieval- crea el vínculo entre el aprendiz y el maligno. La transmisión del «don» de bruja a bruja. Catalina -en las postrimerías de su óbito- transmitió su «poder» a la novel hechicera.
Ana María García, La Llobera
¿La Bruja de los Vaqueiros?
La muerte de su quimérica compañera hizo que el rumbo de Ana María -cansada de recorrer los pueblos- pusiera sus miras y destino en las altas montañas. Allí, entre los escarpados montes y espesos bosques, se mezcló con las gentes de las brañas que peregrinaban con el ganado en busca de buenos pastos para sus vaquerías.
Según queda reflejado en los legajos que componen el sumario inquisitorial, se trasladó hasta los pastizales de Llanes y allí se unió a dos vaqueiros de los Argüellos. Junto a ellos viajó hasta Covadonga para, posteriormente, penetrar en los Picos de Europa, y llegar hasta la Cañada Real por el Pajares. Esta cañada era el camino por donde los pastores desplazaban su ganado en función de la estación para el mejor alimento de las reses. Los repudiados vaqueiros pudieron ser testigos de las supuestas facultades diabólicas y mágicas de Ana María.
Por esta vía su leyenda creció sin cesar. Sus relaciones con los lobos, animal que personificaba en aquellos tiempos el mayor de los terrores para el hombre, se hicieron populares. No en vano, las brujas sabían cómo negociar con las fieras y que acataran sus órdenes. Como bien le enseñó Catalina, desde épocas remotas se creía en el inquietante poder de la mirada del lobo. Si la bestia fijaba la mirada en los ojos de un humano, las consecuencias serían nefastas. «Puede servir de ejemplo la vista infecta lobina, que viendo primero al hombre le hace perder la voz. Esto hace sin duda por lo venenoso de su vista», explicaba el marqués de Villena en sus tratados para brujas.
Su leyenda negra se extendió velozmente por los campos y serranías. Guardaba el ganado de enfermedades, accidentes y embrujamientos con sus supuestos dones, y se vengaba de aquellos ganaderos con los que se cruzaban por los caminos y tenía cualquier tipo de discusión. Cuidaba de los pastores preparando brebajes arcaicos de cuerno de ciervo, grasa de oso, dientes de lobo y jabalí, así como de culebras, sapos, babosas o sanguijuelas. Era especialista en la fabricación de remedios con la farmacopea que se hallaba en la flora y fauna de la serranía. Fue implacable con los hombres y mujeres que se interponían en su camino.
Durante tres años anduvo sin problema alguno practicando sus mancias por las vías de arrieros y pastores de la cordillera del norte de España. Un tiempo en el que llegó a escapar de las garras del Santo Oficio. Asturias era una tierra inhóspita. Los responsables de la curia «hacían la vista gorda» en estos parajes debido a la mala comunicación de sus pueblos, la inseguridad de sus caminos, repletos de fieras y bandoleros, y el convencimiento de que los habitantes asturianos tenían un origen limpio de sangre.
El juicio del Santo Oficio
Ana María, mujer de espíritu inquieto y aventurero, cambió de vida y aires. El amor fue en esta ocasión la razón de que su vida se ligase a un vaqueiro que trabajaba para una de las familias ilustres toledanas. El 25 de mayo de 1648 llegó a Toledo, a las tierras pertenecientes a don Gabriel Niño de Guzmán, y allí dio comienzo el principio del fin.
Doña María del Cerro, mujer del mayoral Alonso Millán, indagó sobre el pasado de Ana María y, poco a poco, fue descubriendo el oscuro y turbio mundo que la rodeaba. Había que cortar de raíz el problema y optó por cursar denuncia ante los responsables del Santo Oficio tras el conocimiento del mundo heterodoxo y pagano que defendía la asturiana. El fiscal del Santo Oficio, don Juan de la Vega y Dávila, no tuvo duda alguna en rubricar la denuncia religiosa con fecha 21 de junio de 1648.
La lista de acusaciones que recayeron sobre la Llobera de Llanes fue clasificada en once apartados.
«Acuso criminalmente a Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias, presa en cárceles secretas. Y digo que siendo la susodicha cristiana bautizada y en al común opinión y estimación tenida y reputada por tal, gozando de las gracias y privilegios, inmunidades, prerrogativas y excepciones que los demás fieles católicos cristianos suelen y deben gozar, olvidando sus obligaciones, ingrata y desconocida a tantos y tan singulares beneficios, en ofensa de Dios nuestro señor y contra su santa fe…».
El fiscal detalló todos los hechos malévolos de los que se le acusaba, como, por ejemplo:
«1. Que (…) en un lugar de dicho concejo de Llanes cierta persona de vida tan relaxada y nefanda que aconsejó y dixo a la rea si quería andar con los lobos y encantarlos, había de dar el brazo derecho al diablo, y que haciendo con las manos un cerco en la tierra y dando un silbido vendrían a su mandado, y los encantaría: y que si también quería hacer mal con ellos lo podría hacer, y que si no, podría guardar el ganado dellos, y hacer que no hiciesen mal a los ganados, ni a persona alguna. En lo cual vino la rea (…) ofreció el brazo derecho al Demonio, diciéndole: yo te ofrezco este brazo derecho.
»2. (…) que habiendo muerto la dicha persona y dexado a la rea una saya como tan su amiga, estando ésta a solas hilando (…) se le apareció un bulto negro de hombre, con cuernos a los lados de la frente (…) asiéndole del mismo brazo el bulto dixo si le ofrecía aquel brazo; y la rea respondió que se lo ofrecía; y él la volvió a decir que bien sabía que aquel brazo era suyo (…) Con lo cual se fue el bulto, y aunque entonces no lo dixo quién era, bien entendió la rea que era el Demonio, y como a tal le ofreció el brazo derecho.
»3 y 4. Que siguiendo el consejo que en capítulo primero ha referido la dio la dicha persona, y continuando la rea el crédito que la dio y al Demonio (siendo padre de la mentira y el mayor enemigo de las almas) en confirmación de la amistad y pacto que hizo con él, ofreciéndole su brazo derecho para que la favoreciese y asistiese, habiéndose ido con unos pastores, con quienes ha tratado deshonestamente y andado tres años, ha llamado a los lobos haciendo el cerco en la tierra y metiéndose dentro, y dando un silbo venían siete lobos de diferentes colores, que eran demonios, y se iban tras ella por donde quiera que iba, y cuando estaba dentro del cerco andaban ellos alrededor sin entrar en él, y la rea los repartía, tres por una parte, dos en otra y dos en otra, y venían unas veces sin llamarlos y otras porque los llamaba para que estuvieran con ella.
»5. (…) que era tal la familiaridad que tenía con los demonios (…) en forma de lobos (…) que no podía hallar sin su compañía. Y sabiéndolo los pastores la instaron, y ella se los prometió no hacer mal con los demonios a sus ganados ni a los de otros ni a personas algunas, si bien no siempre lo cumplía, antes echaba los lobos al ganado que le aprecia y a la parte que le hacía mal pasaje.
»6. (…) que en las dehesas de Alcudia, habiendo la rea llegado a un cazador que llevaba una carga de conejos y perdices a vender, le pidió un conejo, y no se lo quiso dar y dentro de tres días comieron los lobos a una bestia de carga de dicho cazador. Y todos lo atribuyeron a que la Lobera lo quería así, teniéndola también por bruja hechicera.
»7. (…) que en dichas dehesas llegó otra vez la rea a una majada de un pastor y, no habiéndola dado lo que ella le había pedido, le comieron a segunda noche los lobos tres cabras.
»8. (…) que para llamar a los demonios decía la rea ciertas palabras, que afirmó no podía decir porque la vendría mucho daño (…) Lo cual no es de creer, sino que maliciosamente las calla. Y así pido la declare».
Ana María dio contestación a cada punto de la acusación. Se reafirmó en cada una de las primeras respuestas que dio a los miembros del Santo Oficio. Y zanjó su defensa con una solicitud al tribunal eclesiástico: «(…) que el tribunal use con ella de misericordia atento ha confesado y dicho la verdad como consta en sus confesiones y que es una pobre mujer que ha sido engañada y promete no volver a más a ofender a Dios y procurar ser muy buena cristiana y que si acordare de otra cosa lo dirá y todo lo que lleva dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene fecho (…)».
El 3 de agosto de 1648 el tribunal inquisitorial toledano disponían que la rea, bajo la abjuración de levi, podría ser puesta en libertad (en otros documentos aparece esta fecha como la de su ejecución a manos de la inquisición).
Un desenlace incierto
¿Cómo pudo escapar a la tortura y la hoguera? Nadie sabe cómo la Llobera de Llanes logró eludir las garras del Santo Oficio. Tanto historiadores como cronistas -como Caro Baroja- coinciden en señalar que eludió el rollo o las llamas de la hoguera debido a la poca información que guardaba la curia religiosa.
Lo único que parece cierto es que retornó a la Asturias que un día había abandonado. Aquella mujer de gran belleza, parecida «a ese tipo céltico de moza -rubricaba Juan Luis Rodríguez-Vigil, el que fuera consejero de Sanidad y presidente del Principiado de Asturias, en su obra «Bruxas, lobos e Inquisición»- que aún es frecuente ver por las aldeas de los concejos altos de Asturias: estatura pequeña o mediana, de piernas y nalgas rotundas y fuertes, pecho generoso y torso amplio, con cabellos arrubiados y rizados y la faz definida por ojos de intenso color azul, en todo caso con pómulos altos, nariz pequeña y tez clara o abundante de pecas, que la Llobera tendría, no obstante muy atezada por la continua exposición a la intemperie».
FUENTE:
https://donpelayo777.wordpress.com/2015/01/13/seres-mitologicos-asturianos-el-lloberu-o-llobera-ana-maria-garcia-la-llobera/